Un millar de toques no fueron suficientes

El Celta destrozó los registros de control de partido pero no encontró grietas en la defensa pepinera


Un millar de toques, dos tiros a puerta, uno a la madera y treinta y seis centros laterales después, el Celta tuvo que conformarse con empatar ante el Leganés. Parecía imposible, pero cuando el balón se niega a visitar la red, no hay nada que hacerle. Los de Cardoso tuvieron un control y un dominio tan aplastante que los centrales celestes se pasaron más tiempo cerca de Cuéllar que de Rubén Blanco. Pero al rondo infinito que construyeron los vigueses les faltó un punto más de chispa -o quizás fortuna- para doblegar a un Leganés que se parapetó de una manera asombrosa.

la presentación

La puesta en escena

Si algo funciona, mejor no tocarlo, debe pensar Cardoso, que ratificó su confianza en su once de gala y lo situó sobre el césped mojado de Balaídos para disputarle los tres puntos al Leganés. Las consignas eran conocidas: Costas ya se ha acostumbrado al perfil zurdo de la defensa, dejando a Néstor el derecho, Okay se internaba entre los centrales para ayudar en la salida de balón y Brais Méndez, aunque partía teóricamente como interior derecho, en la práctica se mudaba al carril central cada dos por tres. El motivo no era otro que dejar espacio para que Hugo Mallo recorriese la banda de punta a punta, igual que Juncà hacía en la opuesta.

la defensa

Brotes verdes en la zaga

Hacía mucho tiempo que la defensa del Celta, y especialmente los centrales, no realizaban un partido tan correcto. Costas ha bebido de la fuente de la confianza y eso le permite sacar su mejor versión ?solo cometió un error al final del encuentro? y Araujo está demostrando que su inversión estaba justificada. Rápidos en el repliegue y en la lectura del partido, supieron manejarse en la salida de balón, sobre todo el de Chapela, y trasladar a sus compañeros la seguridad necesaria.

el ataque

Balón, balón y nada de gol

El partido fue un monólogo de 1.005 toques celestes, 825 pases y un 80,3 % de posesión. Una radiografía perfecta de un duelo de dos estilos antagónicos. Los celestes han recuperado la identidad pero ayer les faltó el gol. Quizás no estuvieron finos a la hora de abrir brecha en la muralla pepinera, o quizás deberían haber recurrido a más cambios de velocidad. Lo cierto es que el balón no entró ni cuando el equipo bajaba la pelota al piso y se emperraba en centrar, ni cuando recurría a un juego más en largo. Entre la cruceta y Cuéllar agriaron una noche que podía ser perfecta.

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