Una gesta ganada a pulso


Si pienso en aquel día me vienen a la cabeza recuerdos extraordinarios. Todos los futbolistas teníamos al Liverpool como un referente y a Anfield como un estadio mítico, por lo que solo el hecho de jugar allí con tu equipo era especial. Ya si le sumas tener la oportunidad de ganar y pasar la eliminatoria, creo que puedo decir que fue de los momentos más especiales que viví como jugador del Celta.

Yo llevaba años en el equipo y había pasado por momentos complicados, temporadas de salvarnos en la última jornada y de pasarlo mal. De repente ganabas al Liverpool y, lo más importante, lo hacías merecidamente, con justicia, siendo superior y practicando un gran fútbol. El nivel de aquel equipo era muy, muy alto y aunque el nombre del rival imponía y tenían futbolistas que luego fueron importantes en equipos grandes, sí es verdad que después de ver en la ida qué éramos capaces teníamos confianza.

Fuimos sin miedo, sin completos, como jugábamos nosotros entonces todos los partidos. Y estábamos tranquilos, con la sensación de saber que lo íbamos a hacer bien, que en el partido podía pasar cualquier cosa, pero que íbamos a estar a la altura e íbamos a responder. Teníamos claro que si seguíamos en nuestra línea, iba a ser complicado que nos levantaran la eliminatoria y así fue.

En el momento que termina el partido sientes una alegría inmensa; una más, porque íbamos de celebración en celebración. El secreto de todo aquello es que nos encontramos un grupo de jugadores que nos entendíamos, íbamos todos a una con un gran nivel futbolístico, jugando de tú a tú ante cualquiera. Fue mi época más bonita en el Celta y seguramente una de las mejores del club. Logramos una satisfacción que nos ganamos a pulso.

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