Goleadora experta, técnica pionera

Nati, que marcó cuatro goles en un partido con el Matamá el domingo, es la primera mujer entrenadora del Celta


Vigo

Hace tiempo que la ourensana Natalia de Francisco, Nati, se hizo un nombre en el mundo del fútbol femenino. Fue una de las figuras del Olivo en sus mejores tiempos y de ahí dio el salto a la élite. Tras un año sin jugar en el que mantuvo intactos sus vínculos con el fútbol, ahora ha vuelto con más fuerza. Lo demuestran los cuatro goles que marcó el domingo con el Matamá frente al Arousana y también su faceta de técnica, en la que pisa fuerte hasta el punto de que se ha convertido en la primera mujer entrenadora en la base del Celta, en concreto al frente del Infantil B del equipo vigués.

Explica Nati que la temporada pasada supuso un punto de inflexión. Paró momentáneamente de jugar y, la vez, empezó a trabajar como técnico en las escuelas de la Fundación Celta. «Iba a fichar por un equipo de Primera en Madrid, pero no cumplieron las condiciones y volví», recuerda. Aparecieron más opciones, pero ya no las contempló. «Había trabajado tanto en verano pensando en ese equipo que fue una desilusión, un momento muy complicado mentalmente», rememora. Por eso decidió parar y desconectar sin cerrar la puerta a volver.

Mientras, apareció la opción del Celta. Le propusieron participar en los campus y a partir de ahí vino todo rodado. «Cuando vieron cómo desarrollaba mi labor, me ofrecieron las escuelas y luego enseguida un equipo», relata. Esta última opción prefirió posponerla para prepararse mejor, pero esta temporada sí ha llegado el momento. «Habló conmigo el coordinador, Álex Otero, y me propuso el proyecto del Infantil B. Sabían que llevaba años entrenando en fútbol 8 y que quería dar el salto al fútbol 11». Aceptó y está encantada.

Paralelamente, Nati tenía claro por dónde pasaba su regreso. «La meta era el fútbol playa en verano. Si sentía que era yo de nuevo física y futbolísticamente, volvería», dice. Y tanto fue así, que llegó la convocatoria de la selección. «Recuperé la confianza y me llamaron de equipos de Primera, pero pasado un año veía complicado volver de golpe a la élite».

Fue entonces cuando apareció en escena Edu González, un técnico «capaz de sacar lo mejor» de ella «desde que era una niña». «Si volvía, qué mejor que con él. Soy una jugadora que necesito sentirme arropada y contar con la confianza del míster y sé que con él la tengo», dice. El entrenador del Matamá, además, es consciente de que Nati se debe al Celta. «También sabe que si no puedo ir a un entrenamiento, lo hago por mi cuenta y que siempre voy a responder».

Por ahora, solo se ha tenido que perder un partido y aunque asegura que le debe horas al día -también prepara oposiciones a policía-, es capaz de compaginar a la perfección las dos facetas. «Cada día aprendo de los niños, me siento muy querida por ellos y son como esponjas», desgrana. Cuenta que desde el principio asumieron con naturalidad que fuera una chica. «El primer día que me vieron creían que sería preparadora física o fisio, lo habitual. Luego uno me soltó una frase que lo resume todo: ‘La primera semana te estábamos tanteando, pero la segunda nos tenías en el bote’», celebra feliz.

Entre 40 o 50 entrenadores hombres, se siente tratada como una más y en el club le dicen que está «abriendo puertas» a las que vendrán detrás. Lo hace con una manera de trabajar muy personal. «Quiero que se sientan respaldados, les arropo y quiero que hagan piña. Intento darles cosas que como jugadora eché de menos de mis entrenadores», indica. Y añade que el presidente Mouriño -que está con ellos «en el día a día como uno más»- le ha transmitido su orgullo por tener a una mujer en el organigrama de la base.

Cuatro goles

El domingo Nati celebró in situ la victoria de su Infantil B celeste ante el Comesaña y luego tuvo tiempo de marcar sus cuatro goles con el Matamá. «Estuve bastante aguda, hasta marqué uno con la barriga que a todo el mundo le hizo gracia», comenta. No es la primera vez que marca cuatro, pero esta es diferente por lo vivido el año pasado y sus pequeños celestes no fueron ajenos: «Me preguntaban: ‘Míster, ¿te llevaste el balón?’ Y no, claro. Ellos piensan que el fútbol femenino y el masculino son iguales», recalca. Nati ha dado un paso más para recortar distancias.

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