Una mejoría muy relativa

Los goles de Aspas y la portería a cero marcan un partido en donde el Celta volvió a mostrar lagunas importantes


Vigo

El partido ante el Eibar dejó una sensación de sosiego desconocida en el Celta desde hacía tiempo pero ni la victoria ni la descomunal actuación de Iago Aspas pueden evitar una lectura menos triunfalista de un choque en donde el equipo de Mohamed apenas tuvo el balón (el 39 %, la cuota más baja de toda la temporada), fue sometido por los armeros durante el primer tiempo con centros laterales envenenados y volvió a evidenciar que la línea de juego es la tarea pendiente. Algo que desde el triunfo puede ser más fácil de coregir.

Lo mejor

Colocar a Aspas de nueve. La gran diferencia en la pizarra del Celta fue colocar al fin a Iago Aspas como delantero de referencia, una tarea casi imposible cuando Maxi está disponible pero una obviedad sin el charrúa. Mohamed lo hizo en la décima jornada y el resultado fue un triplete, un triunfo cómodo y un día tranquilo cuando se anunciaban tempestades.

El dato

Portería a cero por segunda vez. Desde el 1 de septiembre ante el Atlético el Celta no había dejado de encajar en todos los partidos. En esta ocasión lo evitaron dos muy buenas paradas de Sergio y la falta de acierto de los armeros, que tiraron 17 veces pero solo cinco entre los tres palos. Por contra, al Celta seis disparos a palos le fueron suficientes para marcar cuatro goles. A mayores, realizaron cuatro más que se marcharon fuera.

Protagonistas

Lobotka en su sitio, Emre en la derecha y Brais con libertad. Los mapas de calor son como la prueba del algodón, no engañan, y el análisis posterior al partido del sábado confirma que Lobotka volvió a una versión de lo más reconocible porque jugó en el doble pivote, muy centrado y auxiliando a la izquierda. Lo mismo pasó con Brais, que mayoritariamente actuó por dentro, aunque con mucha movilidad, y Emre Mor en la derecha no desentonó, lo que es una buena noticia como principio.

La posesión

Solo un 39,9 %, la más baja de toda la temporada. El once del Celta parecía concebido para tener el balón, con seis jugadores de buen pie vestidos de celestes sobre el campo, pero las circunstancias del partido hicieron que los vigueses apenas tuvieran el control en el primer tiempo (tras marcar en el minuto 4 el 1-0) y en el segundo, aunque el tempo de partido ya fue celeste el balón siguió siendo de color armero. Eso significó que el Celta no alcanzará el 40 % de posesión, algo inédito. Baste como ejemplo que ante el Valladolid, en día nefasto por el marcador final, los célticos tuvieron el balón en sus pies el 47 % del tiempo.

Los mismos problemas

El daño de los centros laterales. Si en la estrategia el Celta domina más ahora el juego aéreo, los centros laterales siguen siendo un quebradero de cabeza. Ante el Eibar no se solucionó ese problema, sino que cada vez que los armeros conseguían colgar el balón, una sensación de angustia invadía Balaídos. Hugo Mallo fue el más certero para contar dos de ellos que iban envenenados.

Error grave

Permitir una contra de cuatro atacantes contra dos defensas con 3-0. El Celta tiene un punto suicida con el que le cuesta romper. Con 3-0 en el marcador y el partido muy encarrilado, un equipo de Primera División no le puede dar vida al rival permitiendo una contra de cuatro armeros contra dos defensas. Si el Eibar la llega a aprovechar, le hubiera dado una emoción innecesaria al partido.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

Una mejoría muy relativa