Maxi recurre a las horas extra

Entrena a mayores con el preparador físico para alcanzar su punto de forma


En los meses previos a su llegada al Celta, el verano pasado, Maxi Gómez se sumió en una intensa preparación física cuya finalidad era ponerse a punto para llegar lo mejor posible al fútbol europeo. El delantero, consciente de que en la liga española se le exigiría más que en el balompié uruguayo, se puso en manos de un preparador físico, el profe Juan Brito, y durante varias semanas siguió intensas sesiones de entrenamiento por su cuenta. Ahora, más de un año después, Maxi ha vuelto a recurrir a las horas extra.

«Hago físico con el profe y me voy sintiendo muy bien. Algunos días a la semana tratamos de meter físico, pero también hacemos trabajo con el grupo», explicaba ayer de pasada el jugador, como queriendo restar importancia a su trabajo a mayores.

El Mundial de Rusia hizo que el delantero uruguayo finalizase el curso pasado mucho más tarde que la mayoría de sus compañeros, por lo que disfrutó de menos días de vacaciones y se incorporó más tarde a la pretemporada. Desde que comenzó la liga Maxi ha manifestado que echaba en falta ese trabajo de preparación, pero que confiaba en ir afinando su físico poco a poco. Para hacerlo, varios días a la semana, además de realizar las sesiones de entrenamiento con el resto del grupo a las órdenes de Mohamed, entrena con uno de los preparadores físicos del equipo para seguir mejorando. Tareas de fuerza y otros aspectos que le permitirán coger su mejor punto de forma.

«Hago el trabajo físico que siento que me falta, porque los entrenos en Uruguay son distintos a los de acá, más de fuerza. Ahora con el profe hago trabajo de eso, aparte del que sigo con el cuerpo técnico, y me siento muy bien», detalló.

«Me encuentro más rápido, no me canso mucho, del tema físico me voy sintiendo mejor. No hice pretemporada con el grupo, que es muy importante, pero ahora voy mejor», insistió el charrúa, que confía en alcanzar pronto su mejor versión.

La evolución del uruguayo

El último año ha sido casi una revolución en la vida de Maxi Gómez. Dejó atrás el vestuario de Defensor para enrolarse en el fútbol europeo, y su salto resultó tan exitoso que le citó la selección, fue a un Mundial y más de un club llamó a su puerta con propuestas tentadoras. Pero es en la letra pequeña, sobre el terreno de juego, donde se escribe el gran cambio. «En Uruguay el fútbol es más de fuerza, no se corre mucho, no es de andar mucho con la pelota; el fútbol español cambia, te tienes que preparar bien», explicaba ayer el jugador. Pero más allá del apartado físico, está su entendimiento con sus compañeros. «Correr los noventa minutos para ayudar es algo muy lindo, me gusta tener la pelota, por eso a veces me ven de nueve y otras de extremo. Me gusta tener el balón y también marcar».

Y es en esa posesión del balón y en su incipiente capacidad asociativa donde radica el giro de Maxi Gómez. Pasó de ser sobre todo un rematador a combinar cada vez más con el resto del grupo y a ser más partícipe del trabajo combinativo. Ahora, Maxi Marca y se asocia.

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