La pizarra flexible de Mohamed

El Celta ha hecho gala de variantes tácticas para adaptarse a jugadores y rivales

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Primero los futbolistas y luego el dibujo. Esa es la máxima que ha acompañado a Antonio Mohamed desde que cambió la cancha por el banquillo. Cuando llegó al Celta, el Turco advirtió de que no se casaría con ningún esquema, y tras tres partidos ya ha hecho gala de flexibilidad para exprimir el mejor rendimiento a sus jugadores y para contrarrestar las virtudes de los rivales.

Espanyol

Un 1-4-2-13 de arranque. El dibujo con el que el Celta inauguró la temporada era un 1-4-2-1-3 que en fase defensiva se convertía en un 1-4-4-2. Hugo Mallo y Júnior Alonso fueron los laterales elegidos, Cabral y Araujo formaban pareja de baile en el centro de la defensa, y el debutante Fran Beltrán asumía el rol de pivote defensivo con Lobotka en las inmediaciones. Brais Méndez era el encargado de conectar el centro del campo con un ataque en el que Maxi Gómez era la referencia en punta, Pione partía desde la izquierda y Aspas arrancaba desde la derecha, pero con constantes apariciones por el centro. Cuando los de Mohamed se organizaban en fase defensiva, el equipo mutaba a dos líneas de cuatro en las que el danés retrocedía metros para colaborar con sus compañeros, dejando a Aspas y Maxi Gómez como hombres de arriba y responsables de ejercer la primera presión.

Levante

El cambio defensivo. Fue en el partido frente al Levante donde Mohamed ya dejó entrever que tiene cintura para ir acomodando a sus hombres en función de las necesidades del grupo. Si en el primer partido había apostado por una defensa de cuatro hombres, en el Ciutat de Valencia arrancó con una de tres centrales en la que Cabral y Araujo tenían continuidad, y a los que se sumaba Roncaglia en el perfil derecho. De esa forma, Hugo Mallo y Júnior Alonso adelantaban metros su tarea. Ambos operaban como laterales avanzados, aunque en el caso del de Marín su función era casi la de interior mostrándose más en ataque que el paraguayo, más anclado en las tareas defensivas. En ese esquema, Fran Beltran y Lobotka actuaban como un doble pivote más clásico, con el madrileño más fijo y el eslovaco con un punto más de libertad. La entrada de Roncaglia obligó a Mohamed a sacrificar Brais, por lo que el ataque quedó configurado con Aspas, Sisto y Maxi Gómez. Ese planteamiento de partida mutó a lo largo del encuentro y el equipo, con el marcador a favor, acabó defendiendo con los cinco zagueros en línea.

Atlético de madrid

Pione, verso libre. El partido contra el Atlético de Madrid fue el más completo del Celta y también de su entrenador, que fue capaz de diseñar un entramado que desactivó a los hombres de Simeone. El Celta repitió con la defensa de cinco unidades, con Mallo y Roncaglia cubriéndose las espaldas de manera constante, y con una medular en la que Pione Sisto era un verso libre que lo mismo se movía cerca de Beltrán y Lobotka, que adelantaba más metros para aproximarse a la que, teóricamente, es su zona natural. Fue en la segunda mitad cuando el danés se ubicó más cerca del extremo, con el equipo pasando a un dibujo más similar a un 5-2-3. En todo caso, lo que quedó patente fue la maleabilidad de la que Antonio Mohamed dotó a todos sus efectivos.

Las pinceladas

Araujo, pivotes y Aspas. Más allá de los propios esquemas de partida, los primeros encuentros de la temporada dejaron entrever que sobre Néstor Araujo recaerá buena parte de la responsabilidad en la salida de balón. En la medular, a la espera de que la recuperación de Okay pueda trastocar los planes, por lo visto hasta el momento Beltrán y Lobotka forman una dupla joven y bien avenida. En el primer partido el eslovaco partía más adelantado que el centrocampista de Seseña, pero en las dos contiendas siguientes ya formaban un doble pivote más en paralelo. Ambos se complementan bien. Tras el parón, con todos disponibles, puede que Mohamed comience a reconfigurar el equipo, aunque la primera decisión ya dejó fuera del once a Brais, sacrificado para dotar de más peso la defensa. El viaje al centro de Iago Aspas también se dejó ver desde el primer minuto. El pichichi del equipo hace más daño cuanta más libertad tiene y cayendo hacia el centro saca brillo a sus cualidades.

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