Vigo

Al Celta no le vendría mal una prórroga para iniciar el campeonato. A una semana del inicio liguero el equipo está demasiado verde concediendo licencias en defensa, fallando ocasiones claras en ataque y no dando la sensación de ser un equipo rodado. Todo lo contrario. El Mainz le remontó el Balaídos, el estreno en casa, y los vigueses terminan la pretemporada sin conocer el triunfo (dos derrotas y tres empates).

Con un once que bien pudiera comenzar la liga por mor de los lesionados y con la novedad de Brais en el centro del campo para apostar por un 4-3-3 como esquema, el mejor Celta se vio en el tramo inicial del Quinocho. Lobotka y Beltrán gobernaban la sala de máquinas, Brais entraba en juego, el balón llegaba con facilidad a las bandas y arriba Eckert, que volvió a ganarle la partida a Beauvue, estaba de lo más enchufado. De hecho abrió el marcador después de un par de avisos tras aprovechar un pase atrás de Iago Aspas y resolver con un tiro cruzado en una posición incómoda. Un gol de nueve. El alemán a punto estuvo de marcar el segundo en un par de centros desde la derecha, pero le faltó enganchar portería.

Durante la primera hora el peligro del Mainz solo llegaba en la parte izquierda defensiva del conjunto vigués, el flanco en entredicho durante el verano. Y por ahí surgió la acción del penalti que originó el empate y cambió el partido. Araújo atropelló a un rival dentro del área y Brasinski marcó desde los once metros.

El cuadro alemán salió con una marcha más en el segundo tiempo y el Celta comenzó a perder el rumbo del partido y aunque fue Cabral el que pudo romper el empate con un testarazo tras una falta botada por Iago, fue el Mainz quien golpeó de nuevo convirtiéndose en el segundo equipo que le remontaba al Celta en lo que va de verano (el primero había sido el Southampton). Fue en un rápido contragolpe que solucionó De Blasis con un disparo en semifallo. Con el 1-2 el Mainz pudo sentenciar en una llegada franca desde el medio campo rompiendo de un modo alarmante el sistema defensivo celeste y con un par de disparos desde la frontal. En los tres casos Sergio Álvarez estuvo soberbio sosteniendo al equipo.

En la recta final a falta de goles la mejor noticia fue ver la calidad de Boufal, un prestidigitador del balón que debe buscar fútbol asociativo. Pero ni con la magia del parisino el Celta encontró portería para forzar los penaltis. Pudo marcar Brais tras una buena jugada de Juncà -mejor en el plano ofensivo- y también lo tuvieron todo a favor Emre Mor y Beauvue en un balón que se paseó por dos veces por la línea de gol. El turcodanés que se pasó más tiempo protestando al árbitro que jugando casi no tenía ángulo, pero el antillano disponía de toda la portería para él y lo lanzó fuera.

Un amago fallido de Hjulsager, el último cambio, fue el epílogo de un partido que deja más dudas que certezas. La esperanza ahora es que llegado el momento de la verdad todo sea diferente

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Demasiado verde para la liga