«¡Velocidad, potencia y buena técnica!»

El preparador físico desgranó en el entrenamiento los pilares en los que se basará el juego del Celta


«¡Quiero velocidad, potencia y buena técnica!», repetía como un mantra Claudio Kenny sobre el césped de A Madroa desvelando el trazo grueso de la que será la filosofía del Celta. Sin proponérselo, el preparador físico -junto a Carlos Massa- acabó siendo el protagonista del segundo día de entrenamiento del Celta. Con la gorra calada, la carpeta en la mano y el silbato al cuello, fue el encargado de dirigir buena parte de los ejercicios, y lo hizo co entusiasmo y firmeza. Transmitiendo pasión por la tarea a la que lleva dedicando más de media vida. Involucrándose, involucrando y exprimiendo a sus nuevos pupilos.

A las nueve de la mañana, puntuales, salieron al terreno de juego los futbolistas celestes para enfrentarse a su segundo día de entrenamiento. Una niebla tupida que teñía de blanco A Madroa les dio la bienvenida, dejando apenas percibir las voces y algunas siluetas. Distribuidos por grupos, los hombres de Antonio Mohamed, que ayer también se limitó a supervisar la sesión, fueron pasando por diferentes estaciones de trabajo cuyo objetivo era entrenar distintas cualidades y partes del cuerpo. Cuando les tocó trabajar con el material más próximo a la grada, comenzó el espectáculo.

El Profe Kenny fue describiendo a los jugadores cada ejercicio. Con una energía desbordante en un horario tan tempranero, se derrumbó en la pelota, se subió a los aparatos y amagó con carreras para explicar cada reto. En su español argentino, meloso y enérgico a la vez, y con frases salpicadas en inglés con las que se aseguraba de que Emre Mor no se olvidara de que tocaban tres repeticiones, detalló el objetivo de cada tarea y la supervisó.

«¡Excelente!» «¡Me gusta!», «¡Eso quiero! ¡Velocidad, potencia y buena técnica!» «¡Vamos, vamos!», motivaba una y otra vez el preparador físico a sus jugadores, algunos acusando los rigores de la dura pretemporada. «¡Pedrito, ¿cómo van ahí?», se dirigía al readaptador Docampo, que se encargaba de otra parte del ejercicio. Kenny era como un huracán. Su aliento, en el cogote de cada uno de los jugadores exigiéndoles y arengándoles, pero también conectando con ellos.

El profe tenía gritos de ánimo para todos en el laberinto de conos, escaleras y pelotas que había dispuesto para la primera hora de trabajo. Un entresijo no siempre fácil de leer, como le sucedió a Néstor Araujo, que se olvidó de volver con balón, y entre risas Kenny le soltó: «¡Néstor, con balón, como le enseñó el profe Osorio!», se supone que en referencia al seleccionador mexicano.

Porque ayer sí hubo balón en A Madroa, pero fue más un apoyo para entrenar el fondo que el protagonista. Los tiempos en los que todo giraba alrededor del esférico han caducado en A Madroa y, como ya sucediera con Berizzo, Mohamed quiere a sus hombres a un nivel físico extraordinario. De ahí que Kenny reclamase velocidad, potencia, pero también técnica a la hora de controlar y moverse con el esférico e los pies. La pelota, al fin y al cabo, será su herramienta de trabajo.

Tras una primera hora con Kenny y su laberinto como protagonistas, la plantilla -con la que Sergi Gómez y Jonny continúan trabajando, por el momento- realizó carrera y otras tareas más sencillas antes de dedicar los últimos minutos de la sesión a estirar. Algo obligatorio tras casi dos horas de intenso trabajo físico. El arranque del curso está siendo agotador en el Celta.

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