El año en blanco de Iván Villar

El canterano no ha debutado con el Levante, donde está cedido por el Celta y con el que regresará a Balaídos el sábado en caso de entrar en la convocatoria


Si Iván Villar regresa este sábado a Balaídos lo hará, a buen seguro, de una manera muy diferente a la que hubiera imaginado cuando cambió de aires en enero. El intento fallido de hacerse un hueco desde el verano en el primer equipo del Celta llevó al canterano a buscar en el Levante -equipo frente al que los vigueses cierran la temporada este fin de semana- el protagonismo que no era capaz de arañar en Vigo; casi medio año después, puede decirse que la situación que el canterano vivía a las órdenes de Unzué se ha reproducido de una manera muy similar pero a más kilómetros de casa.

El cangués, de 20 años, decidió al final de la temporada pasada hacer valer la cláusula de su contrato que le permitía pasar a formar parte del primer equipo. Con 43 partidos de Segunda B con el filial a sus espaldas y solo uno en Primera -el lunes se cumplió un año de su debut-, el guardameta se vio preparado para competir con los también canteranos Sergio Álvarez y Rubén Blanco. Aunque ni el club ni Unzué eran especialmente partidarios de esa opción, prevaleció la voluntad de Villar de intentar demostrar que estaba listo.

Pero sus compañeros estaban claramente por delante de él a ojos del técnico del Celta, como quedó patente desde el primer momento. Su nombre se convirtió en descarte habitual y solo entró en una convocatoria, en octubre frente al Atlético, debido a que Rubén era baja por sanción. Así transcurrieron cuatro meses en los que no tuvo ninguna oportunidad.

Fue ante ese escenario cuando el portero decidió salir. Lo hizo a otro club de Primera, el Levante, con la idea de conseguir los minutos que se le estaban resistiendo en Vigo. «Espero devolver la confianza con sacrificio y rendimiento», comentó en el momento de hacerse oficial su marcha al club valenciano. Tomaba esa decisión de nuevo con una idea clara que iba a distar mucho de la realidad: «Es un paso importante para seguir creciendo y mejorando y volver para ser portero del Celta durante muchos años», declaraba. A la vez que la cesión se anunciaba su renovación hasta el 2023.

Cinco meses después, Iván Villar sigue en blanco. A su llegada se puso a las órdenes de Muñiz, pero ni con él ni con su sustituto desde el mes de marzo, Paco López, ha logrado lo que había ido a buscar. En total en todo este tiempo ha entrado en solamente tres convocatorias. En el Levante comenzó siendo titular Raúl Fernández, pero su lesión en enero fue lo que llevó al equipo a reforzarse en esa posición.

Sin Raúl, y coincidiendo también con el cambio en el banquillo, fue Oier Olazábal el que pasó a convertirse el cancerbero habitual del equipo. Pero ni siquiera le correspondió a Villar el rol de portero suplente, sino que ese fue en la mayoría de los casos para Koke, relegando al céltico al papel de tercer guardameta de la plantilla y sin estar el restante disponible por lesión. En este tiempo ha desaparecido de las convocatorias de la selección sub-21, en las que era habitual.

Iván Villar no disputa un partido oficial desde el 27 de mayo del 2017, la vuelta de la eliminatoria por el ascenso a Segunda en la que el Celta B cayó frente al Valencia Mestalla. Alejandro Menéndez le alineó como titular en ese compromiso después de que en la ida, en Barreiro, hubiera sido Néstor el que se pusiera bajo palos mientras el de Aldán estaba con el primer equipo. Tras esta jornada terminará el préstamo del jugador, con cinco años más de contrato por delante y una nueva decisión sobre su futuro por tomar. También Sergio y Rubén tienen contrato en vigor con el Celta.

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