Veinte años del inicio de la época dorada del EuroCelta

El 15 de mayo de 1998 el Celta lograba la segunda clasificación europea de su historia


VIGO

Hace hoy 20 años comenzaba una de las etapas más dulces de la historia del Celta. 27 años después de la que hasta entonces era la única experiencia europea del Celta (frente al Aberdeen, en 1971), los de Javier Irureta sacaban billete para su segunda participación continental, la primera de seis consecutivas en las que maravillaría a Europa con gestas imborrables.

Los cimientos de aquella clasificación estaban en jugadores que un año antes habían luchado hasta la última jornada de Liga para salvar la categoría. Porque en el 4-0 al Real Madrid en Balaídos de un año antes ya estaban los Mostovoi, Mazinho, Dutruel, Patxi Salinas, Sánchez o los dos goleadores del partido disputado el 15 de mayo de 1998: Moisés y Gudelj, por ese orden. Aquel 2-0 enviaba a Segunda al Mérida de D’Alessandro, que ya no regresaría a la élite.

Moisés recuerda con especial cariño aquel tanto a los 14 minutos, el más importante de cuantos firmó con el Celta: «Fue un balón de banda centrado de Revivo, que fui al remate de cabeza y me mató el contacto con el portero argentino -en referencia a Navarro Montoya-. ¡Al final tuvieron que cambiarme!», rememora. En aquel mercado de invierno había querido irse porque no había jugado «ni un minuto», pero Irureta le convenció diciéndole que iba a tener minutos al final de la temporada y así fue. «Aquel día en el vestuario me lo recordó. Mereció la pena», valora.

Por Moisés entró Gudelj, que nada más salir, al inicio del segundo tiempo, subía el 2-0 al marcador para desatar la locura de los 31.243 espectadores que abarrotaban Balaídos en aquella noche mágica. Se volvió a rendir la hinchada celeste a Vlado Guldelj como en los mejores tiempos en el partido que acabaría siendo en último como celestes de Patxi Salinas, Geli y el propio Moisés.

Tras la fiesta en el campo, con los jugadores sobre el terreno de juego recibiendo el aplauso de su público y luciendo camisetas con el mensaje «gracias, afición», llegó la del vestuario, pasada por agua. La plantilla duchó al presidente y a Irureta, que tras esa «ducha» pasó por sala de prensa atreviéndose incluso a entonar la Rianxeira que ya antes había resonado en el municipal vigués.

La fiesta no había hecho nada más que empezar. Los jugadores se subieron ya esa noche a un autobús que les proclamaba como «EuroCelta» y en el que seguiría la celebración al día siguiente con más de 6.000 vigueses que se echaron a la calle. La Praza do Rei fue el escenario de los festejos. «Estoy aquí sin haber dormido porque he estado toda la noche celebrándolo. Sois maravillosos», comentaba desde el balcón el capitán, Patxi Salinas. También micro en mano, Gudelj se arrancaba con la Rianxeira.

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