La estabilidad por bandera

En una época de continuos movimientos, la dirección deportiva del Celta solo ha tenido dos inquilinos, Torrecilla y Miñambres, en los últimos nueve años

L.G.C.

Los movimientos en la dirección deportiva se han convertido en cada vez más habituales en el mundo del fútbol profesional, sin embargo en el Celta la estabilidad acompaña a este cargo en la era Mouriño. En los nueve últimos años, solo dos personas han pasado por el cargo, Miguel Torrecilla, que llegó en el 2009 en Segunda y se fue en el 2016 al Betis, y Felipe Miñambres, que ese mismo verano cambió Vallecas por Balaídos, en donde está a punto de completar su segunda temporada y tiene firmadas dos más después de la pertinente renovación.

En Primera no abundan las etapas tan longevas como la que protagonizan Torrecilla y Miñambres. Por ejemplo, en el Sevilla Monchi llevaba 17 años en el cargo cuando cedió el testigo a Óscar Arias el verano pasado. En el Levante, Manolo Salvador había estado ocho años antes de que Tito, hace dos campañas, tomase el relevo. Fran Garagarza, el peculiar responsable del Eibar, que pasó de conductor de furgonetas a responsable deportivo, lleva siete años con los armeros.

Con Carlos Mouriño al frente, en sus primeros años de gestión otros dos nombres ocuparon el cargo en el Celta: Félix Carnero, el hombre fuerte en la parcela deportiva con Horacio Gómez, y Ramón Martínez, el primer fichaje del propio presidente para el cargo y que después de dos años con más sombras que luces volvió al Real Madrid para encargarse de la cantera.

La época de la estabilidad en la dirección deportiva céltica comenzó con Miguel Montes Torrecilla, que llegó a principios de junio del año 2009 avalado por su proyecto en el desaparecido Salamanca. Y aunque hubo tiempos difíciles a lo largo de su gestión, acabó echando raíces en el club. El salmantino fue pieza importante en la confección de la plantilla para salir de Segunda División y afrontó con éxito la tarea de estabilizar al Celta en Primera División. Se fue en el verano del 2016 después de certificar el equipo vigués su regreso a la competición continental. Durante su etapa en Vigo realizó 47 fichajes con un desembolso de 30 millones, una cantidad muy inferior a la ingresada por ventas (baste como ejemplo las salidas de Santi Mina y Iago Aspas).

Su relevo correspondió a Felipe Miñambres, que llegaba procedente del Rayo Vallecano, en donde había sido pieza fundamental de los mejores años del equipo madrileño. En Vigo se enfrentaba a dar un paso hacia delante en ambición deportiva y en un año en donde la Europa League lo marcaba todo. Superó el test y en enero pasado su contrato de dos años se dobló después de hacerse efectiva la ampliación de un contrato que finalizaba el 30 de junio. Salvo sorpresas, seguirá en su despacho de A Sede hasta el verano del 2020.

El aval principal del maragato son los fichajes de jóvenes talentos como Lobotka o Maxi Gómez y ser capaz de mantener en el Celta a los jugadores más importantes. Ahora puede tener por delante el principal reto desde su llegada a Vigo si el Celta finalmente no entra en Europa y hay cambios en el cuerpo técnico. La necesidad de seguir creciendo en la Liga es el objetivo con que Miñambres debe lidiar en primera persona.

Esta estabilidad en el conjunto vigués en una parcela cada vez más expuesta choca con la situación que puede estar viviendo Óscar Arias en el Sevilla, o Husillos en el Málaga, que el domingo, pese a la victoria boquerona, fue abucheado por los aficionados locales. Toni Cruz también tiene los días contados en Las Palmas y Richard Barral dejó el cargo en el Deportivo a principios de año.

Denominación de Origen Celta: competición y valores

La cantera del Celta se ha hecho acreedora de reconocimientos y elogios a nivel deportivo en los últimos años. Pero al club no le basta. Quiere que sus chicos sean competitivos, pero también que sean identificados por los valores humanos que defienden. Formar deportistas y personas es la idea que ha potenciado la creación del sello Denominación de Origen Celta.

«Este programa da un significado total a la importancia de la cantera en el aspecto deportivo y humano», define Carlos Hugo García Bayón, responsable de la cantera. Llevar la teoría a la práctica suele ser lo más complicado, y el Celta lo ha resuelto echando mano de un programa informático que le permite hacer un seguimiento global a todos los canteranos. En una planilla, los técnicos recogen semanalmente las actitudes positivas de los jugadores y las penalizables. «Es una fórmula a través de la cuál somos capaces de valorar el rendimiento deportivo del chico, lo más importante, la educación en valores, los comportamientos individuales y colectivos, el rendimiento académico y lo que llamamos gestos Denominación de Origen Celta, que son aquellos que entendemos que un chico de la escuela Celta tiene que llevar a cabo», define Eduardo Covelo, responsable de metodología.

A nivel práctico, los canteranos celestes deben asumir cuestiones como tener responsabilidades con el material y conductas adecuadas con los árbitros, jugadores y entrenadores rivales, además de atender a sus estudios. El aspecto humano y académico y los gestos D.O. Celta forman la guía de la cantera, y en ellos se involucra, como recuerda Álex Otero, no solo a los técnicos de cada equipo, sino a todos los estamentos de A Madroa, desde el conserje a los servicios de limpieza. 

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