El príncipe y el heredero

Iago Aspas, que acabó lesionado, hizo un partido de ensueño y Brais Méndez brilló con descaro ante el Barça


Iago Aspas. Y punto. Él fue el hombre del partido. El mesías. El que hizo en 45 minutos todo lo bueno que un futbolista puede plantear en un encuentro. Marcó, dispuso de un tiro que se marchó alto, ejecutó una falta precisa que rozó la escuadra, repartió asistencias para Jozabed, Maxi Gómez y Lucas Boyé que sus compañeros no supieron aprovechar, puso liderazgo, forzó una expulsión rival y se agotó. Tanto, que acabó lesionado.

Porque el recital del moañés frente al todopoderoso Barcelona fue descomunal. Una lección condensada de lo que debe ser un delantero. El céltico alcanzó ayer los 20 goles y ya derribó un nuevo registro. La última vez que un céltico alcanzaba la veintena de dianas en una campaña en Primera fue Mauro en la 55/56. Y esto todavía no ha acabado...

«Esto no es solo premio para mí, también para mis compañeros. La mitad de los goles son gracias a ellos, no queda otra que seguir trabajando e intentar meter alguno más y tener la suerte de estar en la lista de los 23 de Julen», comentó al final del encuentro el moañés, que hoy deberá someterse a pruebas médicas para comprobar el alcance de su lesión muscular que sufrió en el bíceps femoral. «Creo que rompí, fui a girar el balón en la última jugada, me salió el balón un poco largo y veremos, mañana a hacer pruebas. Creo que es más que un calambre, pero esperaremos a mañana», dijo el pichichi en referencia a la jornada de hoy.

Iago resplandeció con luz propia contra el Barça en la segunda mitad tras hacer mucho trabajo sucio en la primera. En ese tiempo el brillo se lo llevó casi todo un Brais Méndez que volvió a demostrar que Segunda B se le queda pequeña. Muy pequeña. Porque frente a los blaugrana el mosense hizo un partido sobresaliente por el fondo y la forma. Jugó con una veteranía inaudita, se adueñó junto a Daniel Wass de la banda derecha y destrozó a los de Valverde. Solo la falta de finalización le privó de ver portería en una noche para el recuerdo. Tuvo dos oportunidades de oro, pero su segundo tanto en la élite deberá esperar. Lo que ya tiene en el bolsillo es una osadía y un desparpajo que, sumados a una calidad innata, presagian un futuro prometedor.

Iago y Brais, dos tipos que viven el escudo, el veterano, camino del Mundial de Rusia, y el chaval camino de asentarse en Primera, reivindicaron una vez más el trabajo hecho en casa Celta con la cantera. Ambos compartieron hambre ante el Barça y los dos demostraron que se entienden, que su fútbol conecta. Quizás porque los dos leen el juego de una manera diferente. El príncipe, y el heredero.

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