Como en los peores tiempos a domicilio

El Celta marca su segundo peor registro como visitante desde la vuelta a Primera con un punto y dos goles a favor en seis partidos, números acompañados de una pobre sensación a nivel de juego


Vigo / La Voz

Los números y el juego del Celta a domicilio están echando por la borda las opciones de jugar competición europea la próxima campaña. Porque los vigueses arrastran la segunda peor racha fuera de casa desde que volvieron a Primera División en el verano del 2012, con un único punto de los 18 posibles y solo dos goles a favor en seis salidas, unos registros tan solo empeorados por la serie de la campaña 14/15, (encuadrada en aquella racha de diez jornadas sin ganar en el primer año de Berizzo en el banquillo), y el curso del reestreno en la élite, cuando el Celta ganó fuera de casa al séptimo intento después de encadenar seis derrotas consecutivas. Eso sí, marcando el triple de goles: seis.

A nivel estadístico el cambio del conjunto de Unzué ha sido radical, al pasar de ser uno de los equipos más potentes a domicilio a convertirse en el sexto peor en la segunda vuelta con cuatro puntos (victoria en Anoeta y empate en San Mamés), tan solo por delante de los tres equipos en descenso, el Leganés y el Espanyol. Como ejemplo, el Betis, que era un teórico rival por Europa, ha sumado fuera de casa 15 puntos en esta segunda vuelta y gran parte de la explicación a los once puntos de diferencia entre ambos se encuentra en el rendimiento a domicilio.

Pero a mayores de los resultados aparecen las sensaciones y la línea de juego y en cuatro de estas seis salidas sin victoria, el Celta ha distado mucho de ser un equipo fiable y que hiciese méritos para sumar algún punto más. Al contrario. En Mendizorroza, en el arranque de la serie, tiró la primera mitad y reaccionó demasiado tarde. En Getafe jugó a lo que quiso Bordalás, que le endosó tres goles al Celta con su pócima elemental: presión y contras de vértigo tras robo. En Montilivi los celestes no llegaron casi a disparar a portería, y frente al Atlético el buen primer tiempo se diluyó tras el gol de Griezmann que abría la lata para los locales. Incluso en Bilbao, el punto es fruto de un arreón más allá del minuto 70 y del desplome de los leones. Aunque el Celta tocó fondo en Butarque, en donde fue muy inferior a un equipo que presentaba cinco bajas de consideración y que apenas se jugaba nada. Aun así, solo fue capaz de disparar dos veces entre los tres palos.

Esta trayectoria choca con la idea de Unzué de ensalzar el buen papel del equipo a domicilio durante mucho tiempo. Tras ganar en Anoeta, lo que suponía encadenar tres victorias consecutivas lejos de casa, los célticos no solo se han estancado, sino que han involucionado en el peor momento de la temporada, lo que impide encadenar los resultados positivos que necesita un equipo que oposite a un puesto continental. En toda la segunda vuelta el Celta ha sido incapaz de ganar dos partidos seguidos.

El reto de mantener Balaídos como un fortín

En cinco días el Celta pone a prueba el reto de mantener su mejor racha en Balaídos, en contraposición con lo que sucede a domicilio. Hasta el momento el equipo de Unzué no conoce la derrota en su feudo en lo que va de segunda vuelta, pero ahora le esperan dos miuras: mañana el Barcelona y el próximo sábado el Valencia.

Los célticos son a estas alturas uno de los cuatro equipos que aun no han perdido en casa en la segunda vuelta (los tres restantes son los tres primeros), sumando cuatro victorias y dos empates, lo que significan 14 puntos que le permiten vivir en una zona cómoda de la tabla clasificatoria.

El Sevilla, que se llevó cuatro, fue la última víctima después de que Betis, Eibar y Las Palmas también cayesen. Por contra, el Espanyol y el Málaga se llevaron sendos empates en dos partidos antagónicos en cuanto a rendimiento del conjunto vigués, que ahora necesita su mejor versión para proseguir la racha ante dos equipos que la próxima temporada jugarán Champions.

Cuatro de seis en casa

El partido con el Barcelona marca la cuenta atrás para el último esprint del Celta, que va a jugar cuatro de sus seis últimos partidos ante su público. Porque además de recibir en el margen de cuatro días a Barcelona y Valencia luego tendrán que pasar por el campo vigués el Deportivo y el Levante (los granotas en la última jornada). El calendario celeste se completa con las visitas a Villarreal y el Bernabéu, en donde parece difícil a priori que puedan enmendar la plana fuera.

A domicilio el Barcelona, el primer rival, acumula dos empates (Sevilla y Las Palmas) y una victoria (Málaga) en sus últimas tres salidas. A cuatro días vista de la final de Copa del Rey ante el Sevilla entrarán en juego muchos factores para ver cuál es la apuesta de Ernesto Valverde para la contienda.

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