Hasta el ataque se hiela en Girona

Ni ataque del Celta se quedó sin ideas en Girona y solo Emre Mor puso chispa; la defensa sigue haciendo aguas


La mejor noticia de Montilivi fue Emre Mor. Porque el resto fue un gran agujero negro. Ante el Girona el Celta volvió a exponer su debilidad defensiva y la aderezó con una falta de claridad de ideas y precisión en ataque que hicieron que los de Unzué regresaran a casa con las manos vacías y Europa alejándose. Los de Machín fueron efectivos, más prácticos y estuvieron mejor colocados que un Celta que amontonó centrocampistas, que careció de precisión y que estuvo negado en el último pase.

La defensa

El Girona saca los colores. El Celta tiene un serio problema defensivo. Quizás es una cuestión de concentración, puede que de contundencia, o incluso de colocación. El caso es que ayer volvió a quedar retratado en el primer gol, cuando ningún céltico cortó el saque de esquina raso que el Girona botó y que acabó en gol con la anuencia de Rubén Blanco. No sería el único. Los de Machín cada vez que disponían de acciones de estrategia, generaban peligro ya que sus centrales ganaban cada pelea y lo remataban todo. Pero el repertorio de fallos defensivos no quedó ahí, incluyó también balones no interceptados que se pasearon por todo el área y una notable falta de contundencia que permitía al rival recoger los rechaces. Cada vez que los catalanes se aproximaban a la meta celeste, la sensación era que cualquier cosa podía suceder. Alcanzar Europa con tales concesiones defensivas pinta casi imposible.

Lo único positivo

Emre Mor, la mejor noticia. En su segunda titularidad en Liga, Emre Mor se reivindicó. Puso justo lo que el Celta necesitaba, verticalidad y velocidad. Se apostó por el costado zurdo, la zona donde habita Pione Sisto, y desde el minuto uno fue el hombre más desequilibrante. Cuando cogía el balón la contienda cambiaba, pero al turcodanés todavía le queda mucho que aprender en tareas defensivas y también a nivel coral. Debe ser más solidario y grupal.

El ataque

Sin señales de peligro. El potencial ofensivo del Celta está fuera de toda duda. Por algo tiene a una de las mejores parejas de atacantes de la liga. Sin embargo, ayer la vanguardia viguesa fue un desierto. Apenas disparó en diez ocasiones y únicamente dos muy tímidos entre palos. ¿El motivo? Que el Girona defendió con mucha solvencia y que el ataque vigués estuvo especialmente espeso, sin último pase y precipitado. Más allá de los primeros diez minutos, en los que encontraba espacio entre líneas, cada vez que quería atacar en estático se enredaba en el entramado catalán, se precipitaban y acababan entregando el balón al rival o tomando decisiones inadecuadas. Iago Aspas, quizás presionado por la presencia de Lopetegui en la grada, jugó casi a modo de centrocampista, retrasando metros para buscar balones y tomando decisiones erróneas. Maxi tuvo un par de controles y un remate flojo, Boyé ni apareció y solo Mor tuvo chispa en ataque. Las obligaciones defensivas de los laterales coartaron sus subidas, y si el Celta no abre el campo, su fútbol no fluye. Las pocas señales de vida que dio el equipo en ataque llegaron al contragolpe, cuando buscaba la espalda de los centrales, pero el equipo se empeñaba una y otra vez en llegar jugando.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Hasta el ataque se hiela en Girona