La pareja de siempre rescata al Celta

Iago Aspas y Maxi Gómez firman un triunfo crucial ante un Eibar que fue superior en el primer acto


vigo

Los goles de Iago Aspas y Maxi Gómez sacaron al Celta del atasco y devuelven la ilusión. Los dos delanteros del top cinco de la Liga acudieron al rescate en un partido que comenzó con el Eibar dominador, con las ideas más claras y que fue sembrando de minas un partido vital que no emitía las mejores sensaciones. Pero el don del gol lo es todo. Los armeros, especialmente el japonés Inui, fallaron las suyas, y los celestes acertaron para elevar al equipo (por el momento) a la séptima plaza y recolocarlo en la carrera por Europa.

Pero la gestación del triunfo comenzó a escribirse con renglones muy torcidos. Si el partido de Getafe levantó dudas, el primer tiempo ante el Eibar solo hizo alimentarlas. Los armeros presionaron alto y buscaron verticalidad, nada nuevo en la libreta de Mendilibar, pero los vigueses apenas tuvieron cinco minutos de lucidez. Les costó sacar el balón, cometieron errores de principiante en algunos despejes, jugaron en horizontal y solo metieron un poco de miedo a la contra. Un balón filtrado para Maxi al que llegó Dimitrovic una décima de segundo antes, una ocasión clarísima fabricada por Maxi y Aspas y errada por Pione Sisto y un tiro desde la frontal del Wass fueron el único guiño a la esperanza para un celtismo que cambió ánimos por tímidos silbidos en más de un momento.

Porque los azulgrana botaron ocho córneres, gobernaron el partido desde su sala de máquinas y pudieron adelantarse en dos ocasiones de Kike García y una clarísima de Inui, que remató de primera y mal solo ante Rubén.

La primera decisión de Unzué tras el descanso, al margen de darle al partido un tono más pragmático y más intensidad en las marcas, fue relevar al errático Pione y darle entrada a Emre Mor, con lo que conlleva de exposición defensiva. Pero entre la electricidad del turcodanés, la profundidad de un Jonny que recupera su mejor nivel y el paso adelante de Hugo Mallo, el equipo celeste comenzó a carburar. Las bandas, en definitiva. Por ahí llegó la jugada que marca el partido. Una arrancada de Jonny, con centro de Emre Mor y gol de Iago Aspas entrando por el centro.

El gol liberó al Celta, que pasó a jugar más a la contra y cedió el balón a los guipuzcoanos. Aun así, los vigueses pudieron sentenciar en la contra siguiente pero Dimitrovic salió con todo y dejó a Iago Aspas en el suelo. Acto seguido se lió Emre Mor en contra clara y a Sergi Gómez hasta le anularon un gol tras un centro de Wass.

Faltaba la puntilla y aunque el dominio armero era inocuo, las dudas del pasado afloraban de nuevo en Balaídos. De hecho Inui tuvo dos ocasiones claras para empatar en otras tantas indecisiones de la zaga a la hora de sacar el balón.

Pero de nuevo la ley del gol dictó sentencia. Hugo Mallo reivindicó su cuota de gloria al robar un balón en la banda derecha y tras una pared asistió en el balcón del área a Maxi Gómez para que marcase el segundo a falta de doce minutos para la conclusión. La estocada para los eibarreses, que después de haber dominado en el primer tiempo veían cómo encajaban su cuarta derrota de la temporada ante el Celta (dos en Liga y dos en Copa).

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