Alejo: «Nunca he dejado de pensar en el Celta»

El central revive lo mejor y lo peor de su paso por el equipo vigués, donde militó cinco temporadas


Vigo

Aunque el paso de Alejo por el Celta haya quedado irremediable y casi trágicamente ligado a un momento muy concreto, hubo mucho más. Aquel defensor nacido en Don Benito llegó a Vigo en el verano del 92 para quedarse cinco temporadas que pudieron ser más. A punto estuvo de formar parte del mítico EuroCelta de finales de los 90, y aunque no lo hizo, sí compartió vestuario con algunos de sus artífices. Igual que con los Otero, Patxi Salinas o Cañizares nada más llegar. El Celta le marcó y esa huella sigue latente a día de hoy. Mucho más allá de aquel fatídico disparo fallido desde los 11 metros del 20 de abril de 1994.

-¿Cómo le llegó la oportunidad de convertirse en jugador del Celta?

-Estaba jugando en el Figueres, de Segunda A, y recibí la oferta con mucho entusiasmo. El director deportivo se puso en contacto conmigo, me encantó la idea y me fui a jugar a Vigo. Tenía 25 años y mi idea era estar el mayor tiempo posible. Jugar en la máxima categoría no era fácil y fui con la ilusión de echar raíces en el Celta. Al final fueron cinco temporadas muy buenas.

-¿Con qué se queda?

-El día de mi debut fue muy especial, ¡incluso perdiendo! Aquella derrota se quedó en anécdota por lo que suponía para mí jugar en Primera. Es una satisfacción poder decir que competí a buen nivel como profesional de la élite en cada partido y en cada entrenamiento. Los técnicos que tuve me dieron la oportunidad de jugar casi siempre y no podía defraudar a quienes confiaron en mí. En esos años fuimos un equipo compacto y muy competitivo.

-Coincidió con los Mostovoi, Revivo, Mazinho... ¿Vio venir lo que iba a llegar después?

-Sí, no sorprendía con esos grandes jugadores. Tuve la suerte de jugar al lado de grandes nombres de la historia del Celta, tantos que no me podría quedar con uno. Igual que en la primera época había grandes futbolistas como Cañizares, Patxi Salinas, Otero, Vicente, Guelj, Salva, Geli, Ratkovic, Berges... Fui un privilegiado de coincidir con todos ellos.

-¿Le quedó pena de no haber formado parte del EuroCelta solo por tan poco tiempo?

-Podía haber estado ahí. Renové por el club por dos temporadas más, con opción a otra, y de un día para otro al final no se amplió el contrato. Terminé en Vigo con 30 años y me retiré a los 35, creo que podía haber competido un par de años más o tres en Primera con esos jugadores de tanta calidad. Pero el fútbol es así y me tuve que ir a otro lado deseándoles mucha suerte, nada más.

-Todavía le produce tristeza recordarlo.

-Sí, porque fue muy doloroso. No es cuestión de entrar en detalles con todo aquello, pero no fue agradable. Podía haber seguido y me tocó irme, pasé una época fastidiada. Pro en la vida todo pasa, tienes que tirar hacia adelante y no hay que darle más vueltas.

-¿Le ha guardado simpatía al equipo todos estos años?

-Claro. A Vigo me unen dos cosas muy importantes: una es que estuve jugando en el Celta muy a gusto y muy bien en todos los aspectos cinco años, y la otra que mi hijo Iago nació allí y, por este motivo, el club y la ciudad siempre están en mi mente. Estoy satisfecho y orgulloso de tener un hijo vigués a raíz de la etapa que pasé allí.

Iago Indias es el hijo de Alejo
Iago Indias es el hijo de Alejo

-¿Iago -jugador del Espanyol B- tiene también presente su ciudad de origen?

-Sí, hablamos muchas veces del Celta y de Vigo aunque se fuera de allí con año y medio. Ha estado, tiene amigos y vemos juntos algunos partidos. Comentamos mucho, me pregunta cosas de aquella época y siempre es agradable. ¡Ojalá haya un vigués más en Primera en el futuro!

-¿Así que ha seguido al equipo como aficionado?

-Sí, siempre estoy muy pendiente, lo veo a no ser que me lo impida el trabajo, y además tengo amigos allí. Nunca he dejado de pensar en el Celta, que es un equipo simpático y admirado por la mayoría, así que con más motivo si lo conociste desde dentro. También tengo contacto con algún que otro jugador, sobre todo Patxi Salinas. He visto a Engonga y también a Mazinho en Barcelona, ya que como es representante y yo trabajo en una escuela de fútbol en Sant Andreu de la Barca, coincidimos en los campos de fútbol y comentamos y recordamos viejas historias.

-No ha vuelto mucho a Vigo.

-No, por las circunstancias hace tiempo, pero volvería encantado de la vida. Cuando salen por la televisión imágenes de Balaídos, de los alrededores o de la ciudad deportiva de A Madroa me vienen a la cabeza recuerdos muy entrañables.

 

-Quizá el peor sea aquel fatídico «penalti de Alejo».

-Bueno, para mí no es el peor, porque era un profesional y serlo conlleva el riesgo de que pasen esas cosas. Yo fui un jugador con carácter y si no lo tienes en el campo de fútbol, es mejor que te dediques a otra cosa. Tuve la oportunidad de jugar una final de Copa, que no lo consigue cualquiera, y de tener actitud y profesionalidad, que es lo importante.

-Aun así, tuvo que ser un momento duro.

-Te fastidia, cómo no, pero soy jugador y sé que puedo cometer un error que no me va a gustar, pero tienes que estar preparado para asumir responsabilidades. Siempre tuve carácter y lo dijo Txetxu Rojo al acabar el partido: «De otro me preocuparía, pero no de Alejo porque carácter y personalidad le sobran». Sí me supo mal por la afición, por la gente que fue al Manzanares y estuvo pendiente e ilusionada durante un mes. Pero no me vine abajo. Hay mucha gente que ha fallado penaltis y, como tantos, tiré para adelante.

-Hablaba de la afición. ¿Se sintió arropado por ellos en esos momentos?

-Completamente. El celtismo estuvo a mi lado y no me recriminó nada en ningún momento. El penalti lo falla el que lo lanza, no una ciudad entera. Puedes acertar o fallar y la afición del Celta lo entendió y no tuvo ningún problema ni en esos días ni en los tres años posteriores en los que seguí jugando en el Celta.

-Ese no fue el peor momento pero, ¿cuál fue el mejor?

-No podría decirlo. Nos mantuvimos en Primera cinco años, compartí vestuario con muchos jugadores de carácter y con una gran personalidad. Hubo partidos de mucha emoción que seguro que la gente de Vigo tiene en mente de esos años y yo también.

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