El Celta dio el primer paso para seguir en la Copa del Rey. Ganando en la ida de los dieciseisavos de final en Eibar a base de cabezazos. Con un gol de estrategia de Cabral y con un certero remate de Guidetti. Ambos en un primer tiempo en donde el partido estuvo más controlado y los vigueses, con rotaciones en el centro del campo y en la delantera sobre todo, dejaron destellos de su calidad y verticalidad, especialmente por parte de Emre Mor y Hjulsager en las bandas. Sin embargo en el segundo tiempo el Eibar enarboló la bandera del juego directo y obligó a los de Unzué a vivir todo el tiempo en su guarida, que en esta ocasión acertaron a proteger. Tan solo erraron en el gol de Enrich.

A cabezazos. Así comenzó a marcar diferencias en la eliminatoria ante el Eibar el Celta. Porque a los cuatro minutos Cabral renovó su idilio con Ipurúa para marcar de cabeza en un lance de estrategia, igual que en la Liga, y porque a un suspiro del descanso una jugada reivindicativa de Hjulsager acabó con un testarazo medido y pensado de Guidetti que se coló por el primer palo de Riesgo.

 

En medio de los dos goles, un poco de todo. Control de balón del Eibar la mayoría del tiempo, la enésisma licencia defensiva que llevó a Sergi Enrich a establecer el empate, momentáneamente para los armeros, y algún destello de los célticos, en especial de Emre Mor y Hjulsager, que se mostraron muy activos y eléctricos en las bandas. También de Brais Méndez, el canterano que jugó su segundo partido de titular.

El segundo tiempo fue otra historia. El Eibar recuperó su estilo de antaño. El que le llevó de Segunda B a Primera por la vía rápida y durante 45 minutos dominó el partido por completo a base de juego directo, intensidad y centros laterales. Durante este período el Celta no fue capaz de disparar en una sola ocasión en la portería contraria ni de pisar área. Lo suyo fue un ejercicio de supervivencia, con muy poco balón y con un sistema defensivo que no perdió la compostura ni la concentración aunque Sergi Enrich disfrutó de dos ocasiones y Bebé ganó la espalda a la defensa y salió perdedor de un mano a mano con Sergio Álvarez. Incluso en la última jugada un centro de Rubén no encontró rematador con el portero de Catoira como único obstáculo. En este acto y pese a los cambios (entraron el Tucu Hernández y Wass para reforzar el centro del campo) a los vigueses les faltó pausa y balón para dormir el partido. También dar un paso adelante en la presión, pero al menos fueron capaces de salir indemnes y de volver a casa con un gol de ventaja para el partido de vuelta.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

El Celta encarrila la Copa a cabezazos