Colmillo afilado en el ataque y mantequilla defensiva. Con semejante combinación el Celta no puede ir demasiado lejos esta temporada. Frente al Girona prolongó su acierto de cara a la portería rival, pero aumentó en dosis superlativas sus licencias defensivas. Se adelantó en el marcador con prontitud pero en cinco minutos los catalanes ya le habían dado la vuelta a la contienda en un inicio de partido desatado y sin control con cuatro goles en un cuarto de hora. Volvió a ponerse por delante a falta de 15 minutos y una vez más fue incapaz de cerrar el resultado. Demasiado reincidente para ser casualidad.

 

El primer cuarto de hora fue una locura. Delicioso para un aficionado imparcial y un dolor para los dos banquillos. Solo hubo goles y oportunidades en una contienda descosida. Salió mejor el Girona, que amenazó con dos oportunidades, pero marcó el Celta en su segunda jugada combinativa por mediación de Pione Sisto tras asistencia de Daniel Wass. Pero la inconsistencia celeste, especialmente en el centro del campo, posibilitó que los de Machín acabasen con su sequía de 432 minutos por partida doble. Empatando por mediación de Portu tras adelantarse a Jonny, muy blando en esa cobertura, y volteando el marcador Stuani en un lance de estrategia con la defensa viguesa emulando a la del Eibar del pasado domingo. Lo mejor en medio de semejante frenesí es que los tres centrales catalanes desertaron a la jugada siguiente y Maxi Gómez marcó su gol de (casi) cada partido para empatar por la vía rápida.

El 2-2 invitó a la bandera blanca. Durante un trecho los dos equipos cesaron en sus hostilidades y cuando volvió la aceleración ?menor?ya era el Celta quien gobernaba el balón con Jozabed y Lobotka haciendo una especie de doble pivote y con la línea defensiva buscando el mejor pase interior, casi siempre hacia Maxi, aunque fue un remate de Pione Sisto el único que puso en apuros a Gorka. En la portería de enfrente Rubén se reivindicó con una doble parada ante Mojica y Moffeo ?dos amenazas por las bandas?.

El segundo tiempo fue otra cosa. El Girona replegó en su campo y el Celta se hizo con el balón y con el control del juego, buscando casi siempre el pasillo central y el flanco derecho. El partido se comenzó a complicar con la lesión de Hugo Mallo, justo después de que Unzué moviese ficha defensiva, lo que obligó a los vigueses a jugar con tras centrales, aunque con Roncaglia en banda derecha. Fue el argentino el que tuvo el tercero en un disparo a quemarropa tras un córner que desvió Gorka de un modo inverosímil.

 

A falta de un cuarto de hora llegó el tercero del Celta. Wass, que volvió a multiplicarse en el trabajo de la medular, encontró recompensa en una falta directa lejana que se envenenó y acabó engañando a Gorka Iraizoz. Pero con los precedentes en la mano, el 3-2 no era un salvoconducto para el triunfo celeste. De repente el equipo de Unzué comenzó a recular, no se defendió con el balón y el recién ascendido tardó diez minutos en volver a empatar. En este caso tras una larga jugada con un par de centros al corazón del área que ningún céltico fue capaz de neutralizar, lo que permitió a Juanpe marcar con un tiro cruzado imposible para Rubén. Faltaban cinco minutos y se repetía la historia del partido ante el Getafe.

Aún así el Celta tuvo la última. Iago Aspas, que sigue enfrentado con el gol, pudo celebrar su quinta convocatoria con la selección con el primer tanto del curso con su equipo, pero el taconazo de Sergi tras una buena cabezada de Cabral acabó con un débil disparo con Gorka encima. Los ansiados dos triunfos consecutivos tendrán que esperar, igual que el asalto a la zona noble. De momento los deberes del Celta son otros.

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