Rai Marchán, una mente privilegiada para el fútbol

Catalán formado en el Madrid, y que va por su cuarto filial, destaca por su clarividencia en la lectura de juego

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Rubén Albés, el entrenador del Celta B, presentó en sociedad a Rai Marchán (Vilafranca, 1993) con una frase lapidaria tras ganar al Pontevedra en la ópera prima liguera. «Rai tiene una mente privilegiada para el fútbol». El mejor resumen, después de presenciar el recital táctico que desde el mediocentro acabada de dar este catalán canterano del Real Madrid. Un cerebro con las ideas muy claras dentro y fuera del campo.

«Estoy haciendo la ruta de los filiales», dice Rai para resumir su trayectoria deportiva. El MIC, uno de los torneos más importantes del este peninsular fue su punto de arranque. Allí le conoció el Real Madrid jugando con el Vilafranca, el equipo de su localidad natal. «Me vieron, me llevaron a hacer una prueba de una semana y me firmaron». Su idilio con la entidad blanca duró seis años: toda la etapa juvenil, un año de cesión en el Leganés y dos en el Real Madrid C: el primero en Segunda B -«quedamos novenos, pero descendió el Castilla»- y el segundo en Tercera por mor del arrastre. Su periplo se completa con un mal año en el Mestalla y otro redondo en el Valladolid B.

En Pucela conoció a Albés. «Rubén me hizo crecer como jugador. Venía de un año mal en Valencia y el consiguió recuperarme en todos los aspectos». Porque los dos tienen en la cabeza el mismo fútbol. «Conectamos mucho a nivel de lectura de juego», un aspecto que se ha convertido en fundamental para el crecimiento de Raimon dentro de un terreno de juego. «Cada futbolista tiene su proceso de maduración y el mío ha sido más tardío. Me ha costado más alcanzar el salto de juego y creo que ha sido gracias a comprender un poco mejor el juego. Creo que es una de mis virtudes. Que puedo ayudar al resto de compañeros y a mí mismo en el sentido de que comprendo mejor el juego de cómo lo hacía antes», dice.

¿Y eso como se consigue? «Aunque tengas talento, adorando el oficio y metiéndole muchas horas», resume. También viendo mucho fútbol, incluso desde otro prisma. «En Madrid, con un amigo, cogimos un par de equipos porque también se entiende el fútbol viéndolo de una manera diferente», dice Rai, que no tapa su vena de futuro entrenador.

Con esa clarividencia, con el aval de Rubén Albés y con la propuesta encima de la mesa, decidió aceptar la oferta del Celta. Firmó por dos años con opción de primer equipo si existe un tercero. Con 24 años recién cumplidos no llega pensando en alcanzar el primer equipo por la vía rápida, sino por el camino del merecimiento. «Tengo claro que no vengo aquí para debutar en el primer equipo el primer año ni mucho menos. Cuando más competitivo sea el filial más ayudará a los jugadores jóvenes a ser más competitivos y a estar más preparados para la élite y a nivel individual. Si tu brillas en tu equipo, a final de temporada o en el mercado de invierno si confían en tí, se hará. Cuando vienes a un filial teniendo la edad que tengo yo tienes que asumir el rol que te toca, no puedes pensar que vienes pensando en estar todos los días en el primer equipo entrenando porque no sería beneficioso ni para mí ni para el equipo».

Su mente tiene claro que debe ayudar al Celta B a mejorar. «En estas primeras jornadas estamos consiguiendo ser verticales y creando ocasiones pero nos falta ser un equipo que mantenga el control de los partidos a partir del balón. De tener mejor ataque posicional. Estamos construyendo nuestro modelo de fútbol». Y él es el arquitecto en el campo.

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