El andamio de A Madroa vuelve a la vida

Unzué recupera la apuesta por grabar las sesiones de entrenamiento para desmenuzar el trabajo

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El de A Madroa posiblemente sea el andamio más famoso de España. Fue el que ordenó montar Luis Enrique hace cuatro veranos cuando tomó las riendas del Celta. Quería una plataforma elevada desde la que supervisar los entrenamientos y grabar cuanto sucedía sobre el césped, así que el club acabó instalando un entramado de hierros de alto nivel para satisfacer las necesidades del asturiano.

Durante la etapa de Berizzo el andamiaje quedó en el olvido. Muy de cuando en cuando alguien del cuerpo técnico o alguna visita se elevaba hasta su cima en busca de vistas mejores, el Toto era más de ver el fútbol a ras de suelo. Pero con la llegada de Juan Carlos Unzué los tiempos han cambiado de nuevo y el andamio, que había requerido el desembolso de unos cuantos miles de euros, vive una segunda juventud. La metáfora férrea del cambio en el modelo de trabajo y del comienzo de un nuevo ciclo.

La primera semana de pretemporada ha permitido ver cómo el entrenador navarro y su cuerpo técnico se decantan por sesiones centradas en el trabajo con balón y apuestan de nuevo por supervisarlas desde las alturas el trabajo. En varias ocasiones ha podido verse a Aitor Unzué, hijo del preparador y analista del equipo, subido y grabando algunos de los ejercicios que realizaban los jugadores. Lo que a priori podría parecer una trivialidad, esconde sin embargo la metodología de trabajo del míster.

En la época de Luis Enrique los jugadores destacaban sobre todo que el cuerpo técnico les facilitaba grandes dosis de información del rival y de cómo contrarrestarlo. Los vídeos de A Madroa sirven para mirarse el ombligo, a modo de scouting propio, que permite al entrenador detectar cómo responden los jugadores a sus indicaciones, en qué partes deben mejorar y cuáles están cubriendo satisfactoriamente. El fútbol visto desde el suelo, y también desde las alturas. El cambio de ciclo está en marcha.

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