Unzué: trabajo, balón y mano izquierda

El principal candidato al banquillo del Celta forjó su filosofía futbolística en el Barcelona


vigo / la voz

Cuentan de él que es un trabajador infatigable. Un tipo metódico, con una capacidad de análisis envidiable, un talante afable y dotado de ese gen competitivo imprescindible para crecer en el mundo del fútbol. Pero además, Juan Carlos Unzué (Pamplona, 1967) es un tipo detallista. Durante su etapa en el Numancia, el único equipo que realmente lideró en solitario, cuando uno de sus futbolista cumplía años le dejaba en la taquilla una tarjeta de felicitación. Una pincelada más que define al principal candidato a tomar el relevo de Berizzo en el Celta. «Es un entrenador con personalidad y con ideas muy claras de cómo transmitir a sus jugadores la forma en que quiere jugar y plasmarla en el campo», le describe Lolo Pavón, al que entrenó en el Numancia.

Fue el presidente, Carlos Mouriño, el que confirmó en su entrevista en La Voz que negociaban con Unzué, al que calificó como «extraordinario». A pesar de que tiene poco bagaje como primer entrenador, el navarro, por currículo, encaja como un guante en el conjunto celeste. Por filosofía de juego y por conocer ya el funcionamiento y la letra pequeña que acompaña al trabajo en A Madroa, una ciudad deportiva por la que era habitual verle correr cuando finalizaban los entrenamientos en su etapa en Vigo. Entonces él era la cara amable de un cuerpo técnico liderado por Luis Enrique e integrado también por Robert Moreno y Rafel Pol, que podrían acompañarle en su nueva aventura como celeste, si las negociaciones no se tuercen.

Aunque acabó decantándose por el fútbol, en la infancia y la adolescencia de Unzué convivían la pelota y el atletismo. Hacía cros, pero a los quince años tuvo que elegir una actividad y se quedó con el balompié. Hasta entonces había alternado la portería con el resto del campo, pero a la hora de la verdad apostó por los guantes, que le llevaron al Osasuna Promesas y luego al primer equipo navarro. Eran los años finales de los ochenta, y su buen rendimiento le abría las puertas del Camp Nou. Estuvo dos temporadas en el Barcelona, pero no pudo desbancar a Zubizarreta de la titularidad.

En ese tiempo, eso sí, conoció de primera mano los predicamentos del fútbol de Cruyff. El holandés le entrenó durante su estancia en Barcelona, hasta que Unzué decidió buscar minutos en un Sevilla en el que se consagró y en el que encadenó más de 200 partidos en Primera. Tenerife, Oviedo y la vuelta a Osasuna fueron las últimas paradas del viaje como futbolista de un Unzué internacional con las categorías inferiores, pero que nunca llegó a ser convocado por la absoluta.

Fue en el 2003 cuando el navarro despertó al mundo de los banquillos de la mano de Rijkaard. El holandés le confiaba el entrenamiento de los porteros blaugranas y el pamplonés se asentó en el puesto. Estuvo durante toda su etapa y los dos primeros años de Guardiola. Del primero aprendió a sacar el máximo rendimiento a cada futbolista, del segundo, la importancia de los conceptos tácticos. Entendió la relevancia de atesorar información acerca del rendimiento propio y del ajeno. Dicen de él que le gusta tener controlados los sistemas de entrenamiento más innovadores pero que no desprecia los clásicos. En los proyectos de Luis Enrique ha tenido entre sus responsabilidades la preparación de la estrategia. Una herida que sin embargo no fue capaz de restañar en el Celta

El proyecto en solitario

Fue en el verano del 2010 cuando Unzué decidió volar solo. Dejó Barcelona y fichó como entrenador del Numancia, un equipo de Segunda al que intentó imprimirle su gusto por el fútbol y la ambición, y que acabó décimo. Sus premisas eran las que había aprendido en el Barça. Balón y protagonismo. Quería que su conjunto defendiese atacando, como en Vigo impusieron Luis Enrique o Berizzo. «Su estilo es el mismo del Barça de siempre, desde atrás sacar el balón jugado, asumiendo riesgos y teniendo siempre la posesión del balón, los extremos agrandando el campo y el delantero igual, la misma ideología que Setién», recuerda Pavón, que subraya de Unzué su capacidad para manejar el vestuario.

«Sabe llevarlo muy bien y gestionarlo extraordinariamente para que todos sus jugadores estén motivados y arropados en el grupo. Es una persona muy motivadora, antes de salir al campo siempre intenta decir lo justo y necesario pero con un gran sentimiento motivacional».

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