La secuencia arbitral que desquició al Celta y a Balaídos

Las decisiones de Martínez Munuera en el segundo tiempo provocaron una bronca monumental de jugadores y aficionados


La Voz / Redacción

Por un momento, pareció que Balaídos podría protagonizar las imágenes clásicas de los años 80, cuando los campos se llenaban de almohadillas lanzadas desde la grada hacia el árbitro, que entraba en los vestuarios protegido por antidisturbios como si de una manifestación contra el G-20 se tratase. La grada del estadio vigués y los jugadores del Celta habían perdido el oremus ante una secuencia arbitral que sacó a los locales del partido, tanto como los regates de Isco y los goles de Cristiano (1-4).

El pandemonio se desató en el minuto 61. Hubo un amago en el tramo final del primer tiempo, cuando Jonny quiso picar con habilidad la pelota ante Varane en la línea de fondo, y el balón encontró la mano en retirada del francés. No era penalti porque estaba fuera del área, pero Martínez Munuera no vio siquiera el córner. Aspas protestó con el estilo Aspas, y se ganó una tarjeta amarilla. Eso fue el calentamiento. A la hora de juego, en plena embestida del Celta para reducir el 0-2, Aspas controló dentro del área del Madrid, enfilado a su zurda, y vio llegar por el rabillo del ojo a Sergio Ramos. 

El de Moaña metió su cuerpo menudo, recibió el impacto del central y se fue al suelo. Quizás el árbitro pueda aferrarse a que el delantero exageró la caída, algo innecesario ante lo evidente del contacto. Martínez Munuesta eligió castigar el exceso de celo y no la falta. Segunda amonestación para Aspas y la bronca en la grada. Todo lo que vino después pareció escrito por un guionista gamberro al que le va la marcha. Nada más quedarse con 10 el Celta, Cristiano irrumpió en el área visitante y cayó en pugna con Jonny. También exageró la caída de mala manera el portugués, solo que el árbitro decidió no sancionar el supuesto piscinazo. 

Jonny sí se lo reprochó al jugador primero y después al árbitro, por lo que el de Matamá consideró un doble rasero. Amarilla para el lateral zurdo, más combustible para la grada. El Celta estaba desquiciado, la grada incendiada y, en el medio, Martínez Munuera tuvo oído y vista para expulsar a Marcucci, el sustituto del sancionado Berizzo, que protestaba desde su rincón. La secuencia terminó en el minuto 65, cuando Casemiro hizo una de sus típicas faltas, en una subida de Hugo Mallo. Guidetti protestó porque el brasileño ya tenía una amonestación, y en lugar de ganar la segunda para el rival se llevó una por hablar. 

Poco después, Guidetti reducía distancias en un chispazo de esperanza que sofocaría en la jugada Benzema tras sacar de centro. Martínez Munuera tendría tiempo de amonestar a Hugo Mallo (esta vez con razón) y al Tucu Hernández por un pique con Ramos. Los ánimos por entonces ya estaban algo más calmados, pero Balaídos estuvo 5 minutos en ebullición por una secuencia arbitral desquiciante.

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