Rojo y celeste, fundidos en Vigo

Aficionados de los dos equipos convivieron sin problemas dentro y fuera de Balaídos


vigo / la voz

Balaídos y Vigo fueron ayer celestes... y rojos. La culpa la tuvieron en gran medida los hinchas del Manchester, más de un millar que habían generado tantas buenas expectativas en lo económico como miedo en lo referido a los incidentes que se temía que pudieran causar. Pero al final solo se cumplió la primera parte y la jornada transcurrió sin incidentes destacables.

Ya desde por la mañana, los aficionados foráneos se pasearon por un Casco Vello bien preparado para la ocasión. Con distintivos celestes, pero también con bienvenida para ellos, barras fuera de los locales para la ocasión -precios desorbitados incluidos- e incluso urinarios dispuestos con motivo de su visita. Lucieron sin problema sus colores los ingleses, en buena convivencia con el celeste que inundaba la ciudad. Imposible dar dos pasos ayer en Vigo sin encontrar a alguien con camiseta celeste, a lo que se sumaba la decoración.

Una vez dentro de Balaídos, el papel de los hinchas visitantes fue muy discreto. No porque no animaran, que lo hicieron sin pausa, sino porque estaban en minoría absoluta ante una hinchada celeste que dio lo mejor de sí misma. Ni siquiera con su primer gol lograron ser protagonistas. Sí se destaparon algunos ubicados fuera de la grada visitante, pero la rápida respuesta de Balaídos para alentar a los suyos les eclipsó.

Aunque sorprendentemente serios en el descanso cuando con el 0-0 cuando les enfocó la cámara y sus rostros se pudieron ver en videomarcadores -casi ni se inmutaron con los Dragon Ball o Mi gran noche por la megafonía-, la fiesta al final fue para ellos. La fiesta del triunfo, de estar más cerca del único título que nunca han levantado y también la fiesta de una ciudad que se volcó para recibirles.

Porque por muchas eliminatorias europeas que haya disputado el Manchester United, pocas veces se habrá encontrado una ciudad como Vigo. Así lo reflejaban los periodistas ingleses en redes sociales. Engalanada para recibirles, ilusionada ante un reto mayúsculo, orgullosa de estar en sus primeras semifinales de una competición que para el rival era un premio de consolación. Pero la lógica se impuso al sueño, al menos en la primer asalto, y los vigueses tendrán que buscar una nueva remontada continental.

La semana que viene las dos aficiones se encontrarán nuevamente para vivir la resolución del cruce. Y allí, como ayer, los celtistas aportarán a su manera el color rojo. El de las bufandas conmemorativas de una eliminatoria que seguramente ninguna de las dos aficiones olvidará con facilidad.

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