Tintes celestes en la historia de los Alcántara

Mazinho y sus hijos, Thiago y Rafinha, protagonizan una nueva entrega del Informe Robinson en la que se cuelan Vigo, el Celta y la ED Val Miñor nigranesa

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Vigo

El excéltico Mazinho y sus hijos, Thiago y Rafinha -también con pasado celeste- Alcántara repasan sus respectivas trayectorias en el Informe Robinson estrenado el pasado domingo. En ese recorrido se cuelan Galicia -Nigrán y Vigo- y el vínculo que, de un modo u otro, los tres tienen con el conjunto vigués.

El campeón del mundo y la que entonces era su esposa, Valeria Alcántara -que a día de hoy aún reside en la ciduad-, recuerda en el reportaje su llegada a Vigo. «A los 30 tuve un bajón porque Aragonés decía que estabas acabado como futbolista. Entonces aparecieron el presidente y el director técnico con una postal de Vigo», recuerda. Y le convencieron para fichar. «Llegamos en verano, nos llevaron a las Cíes. Hacía sol, había muchas playas, mar y montaña, como un Río pequeñito», recuerda Valeria. Y sin embargo, añaden divertidos, cuando volvieron para que Mazinho firmara, conocieron la lluvia.

«Me encantaba Vigo y me encanta, me adapté muy bien tengo grandes amigos, pero cada uno con su conciencia sabrá hasta qué punto se equivocó o no», dice el brasileño en referencia a su salida. «No he dado el 100, he dado el 110, pero luego tuve la lesión. Somos materia, un producto, eso es lo que somos. El fútbol es puro comercio, un negocio», recuerda con amargura. También Thiago se refiere a esto sentenciando que «se portaron mal después de todo lo que había dado», mientras que Valeria reclama que «no se debe abandonar a los jugadores en los momentos malos».

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Los dos hermanos se refieren a Mazinho como su ejemplo «tanto jugando como de comportamiento fuera del campo», en palabras de Thiago. Los dos llegaron al Ureca nigranés, donde dieron sus primeros pasos, de la mano de su padre. «Un día llega con los dos y lo más curioso es que Rafinha venía de portero», recuerda el responsable de la actual ED Val Miñor, Javier Lago. Lo confirma su madre. «Era divertido, porque jugaba una parte como jugador de campo y otra de portero. Sobre todo le gustaba la ropa de portero, ponerse los guantes». Y añade el propio Rafinha: «Era la época de Dutruel en el Celta, me fijaba mucho en él».

Lago recuderda a Thiago como «lo mejorcito que se vio en Galicia en mucho tiempo. La diferencia con otros buenos jugadores es que ellos eran tan competitivos que entrenaban, buscaban lo máximo. Se lograron cosas que nadie pensaba». Entre ellas «ser campeones gallegos y ganar a todos los grandes», rememora el internacional con la selección española con cariño. Y Valeria cuenta otra anécdota en relación con su paso por el Ureca, donde ahora juega el pequeño de los hijos de ella. «Los señores pasaban al lado de Mazinho y le daban las gracias por ocuparles el domingo o el sábado en ir a Ureca a ver a sus hijos».

Abordan también el divorcio de Mazinho y Valeria, en el año 2005, una época dura para la familia que coincidió con la marcha de Thiago a La Masía. Luego le tocaría a Rafinha. «No es que no me lo tomara en serio, pero no pensé que podría estar en el Barça. Con 13 años fuimos a visitar a mi hermano y mi padre me dijo que ya que estábamos por qué no hacía las pruebas. Imagínate la felicidad de poder volver a estar con mi hermano».

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Rememoran otros momentos de las respectivas carreras deportivas como las lesiones, el campeonato del mundo de Mazinho, la medalla olímpica de Rafinha o la marcha de Thiago al Bayern ante la falta de protagonismo en el Barça. Su hermana Thaisa los define como «un viejo en el cuerpo de un joven», en el caso de Thiago, y «un niño en el cuerpo de un hombre», en el de Rafinha. Diferentes pero parecidos, dicen ellos. Dos piezas de un puzzle que Valeria sabía que encajaría como lo ha hecho. «Yo pasé de se la mujer de Mazinho a la madre de Thiago y Rafa. ¡Se veía venir!».

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