Disparates por tres puntos


Una vez más, Florentino Pérez ha quedado retratado. Porque el Real Madrid antepuso la cuestión deportiva a la seguridad, el ganar un partido que en teoría se presentaba muy asequible a no poner en riesgo vidas humanas. Hay cosas que van más allá del deporte y que no pueden justificar ni la opulencia ni el poderío de una institución como el Real Madrid.

Lejos de ponerse a disposición del Celta y de los estamentos públicos una vez conocido el informe de los técnicos del Concello de Vigo, lo único que hizo la maquinaria del Real Madrid fue poner en duda la veracidad del riesgo, jugar a expertos en materia de predicción del tiempo y ningunear una cosa tan seria como los riesgos laborales. Que si los bomberos y operarios podían subir, que si las rachas de viento iban a remitir y que Vigo sería una sucursal del Caribe en la tarde del domingo. Pasando por alto un temporal que causó estragos en Galicia a lo largo de tres días.

Circunstancias todas que salen a relucir en su comunicado de ayer, en el que reconoce que quiso reparar la grada afectada, cerrarla o jugar en otro sitio. Obviando que las uralitas volaron en la noche del sábado sobre el césped y sin tener en cuenta lo que significa para Vigo y para el Celta la visita del Madrid. ¿Alguien se imagina a los blancos jugando en el Vicente Calderón, en Vallecas o en el Fernando Torres de Fuenlabrada?

Los hombres de Florentino tampoco tuvieron en cuenta un dato capital. Su prepotencia solo les llevó a mirar el calendario del Real Madrid, dando por hecho que su camino en Europa no tiene fin hasta la final, sin tener en cuenta que el humilde equipo del noroeste ibérico es el que está en tres competiciones. En una de ellas después de eliminar al Madrid. La grandeza de los clubes también se mide en la visión de sus estadistas

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