El Celta supera con nota el examen de sobrevivir sin balón

Los vigueses aprovecharon sus opciones a la contra ante un rival que se hizo con la posesión


vigo / la voz

El Celta tuvo que luchar ayer por sobrevivir en un escenario muy diferente a aquel en el que los de Berizzo muestran su mejor versión. Y superó el examen con nota. Tanto, que lograban llevarse el triunfo en el Bernabéu diez años después. Acostumbrados a ser dueños del balón, y aunque el Toto había anunciado que, como siempre, el equipo no iba a renunciar a su plan de cada partido, enfrente estaba un Real Madrid que impuso en parte su ley para impedir que los celestes se hicieran con el control de la pelota. Y les tocó recurrir a otras armas para salir indemnes del duelo ante los de Zidane.

Los vigueses tiraron de músculo y concentración para tratar de combatir unas embestidas madridistas cada vez más peligrosas a medida que pasaban los minutos. El Madrid llegaba con facilidad y la sensación de peligro era una constante, pero las oportunidades claras fueron contadas y casi siempre desaprovechadas. El Celta contrarrestaba el empuje blanco cuidando el no perder la posición, algo que los celestes bordaron durante la mayor parte de la primera mitad, gestionando bien las transiciones ataque-defensa y evitando correr riesgos salvo en momentos puntuales del partido en los que pecaron de ingenuidad.

Aguantaba el Celta, por momentos con apuros, pero taponando bien las llegadas locales y encontrando alguna buena intervención de un Sergio muy seguro que también contribuyó a que el partido se fuera al descanso con tablas en el marcador. Los celestes se convirtieron en el equipo que buscaba sus opciones a la contra mientras el Madrid elaboraba las jugadas y se aproximaba una vez más a la meta del conjunto visitante. Los papeles cambiados con respecto a lo que acostumbran los celestes.

Esas opciones aisladas no fueron suficientes en la primera mitad para un Celta que no está habituado a encontrar la fortuna en la contras. Pero ayer ese se antojaba el único recurso al alcance de los celestes y, tras sufrir en el primer acto, tendrían premio al sacarle partido en el segundo. Para que fuera así resultó clave la labor defensiva de todo el equipo, con Daniel Wass y, sobre todo Bongonda cumpliendo su papel en ataque pero también colaborando activamente en tareas defensivas e impidiendo las subidas de los laterales del Real Madrid.

Las tarjetas fueron el lunar del centro del campo. Los de Berizzo se fueron al descanso con dos de sus centrocampistas, el Tucu Hernández -que veía la tercera- y Marcelo habiendo visto sendas tarjetas amarillas. Pero no pasaron factura a un Celta que siguió a lo suyo. Al descanso el marcador de empate a ceros parecía un gran resultado para los visitantes, que habían logrado aguantar el tipo ante un escenario complicado, pero lo mejor en clave celeste todavía estaba por llegar.

Cuando parecía que Aspas, muy desconectado en el primer tiempo ante el dominio absoluto del balón por parte de los madridistas, el de Moaña apareció para decidir el partido. Suyo fue el primer gol y, aunque acto seguido el Madrid lograba el empate, Aspas todavía no había dicho la última palabra y se convertía también en el asistente de Jonny en el gol del triunfo.

La reacción del Celta tras encajar fue de las mejores noticias. Se había hablado mucho de la necesidad de pensar en los 180 minutos de la eliminatoria y de que el equipo no se vinise abajo si encajaba. Hacerlo ante los blancos es algo casi inevitable para un Celta que no consigue salir del feudo blanco imbatido desde el año 1977. Ayer también tuvo que recoger el balón del fondo de la red, pero solo pasaron 58 segundos hasta que el gol del lateral de Matamá volvía a dar ventaja a los celestes.

El Celta no quería que se le escapara el partido y, después de haber sufrido durante la práctica totalidad del encuentro, los del Toto aprovecharon los nervios de un Real Madrid que se veía a las puertas de encajar dos derrotas consecutivas después de acumular 40 partidos sin perder. Supieron controlar los tiempos los celestes y mantuvieron la fe hasta el último instante. Porque lo de ayer volvió a ser un ejercicio de fe de los celestes, que cumplieron a rajatabla la premisa de su técnico, que ya había avisado en la previa de que creía a sus futbolistas capaces de ganar a cualquiera.

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