Hugo Mallo, el capitán con récord de precocidad

El lateral encara a los 25 años su octava temporada en el primer equipo del Celta


vigo / la voz

Hugo Mallo celebró hace unos días su veinticinco cumpleaños convertido en todo un veterano, no por edad, sino por méritos y por estadística. Porque el marinense se convertirá el próximo mes de agosto en el tercer jugador más joven de la casa que firma ocho temporadas consecutivas en el primer equipo, algo que solo han logrado hasta la fecha Manolo, Moncho Sanromán y José Luis Villar. Todos ellos lo hicieron con el cuarto de siglo encima, con la única diferencia de que Sanromán y Manolo nacieron en meses (diciembre y octubre respectivamente) posteriores a Hugo Mallo.

Hace la friolera de 37 años, desde que en 1979 Moncho Sanromán firmase su octava temporada consecutiva en el club de toda su vida, que un jugador de casa y tan joven no encadenaba semejante registro. Hugo alcanza su cumpleaños con 220 partidos a cuestas después de jugar 38 en el curso que acaba de finalizar (34 de Liga y 4 de Copa del Rey). En total ya se ha hecho un sitio en el selecto club de los celestes con más de dos centenares de partidos al marcharse de vacaciones con 220 a sus espaldas.

Antes de Sanromán, había alcanzado esta cota Villar en 1975 y un año antes el gran capitán Manolo, quien sigue ostentando el récord de partidos en el Celta después de permanecer 16 temporadas en el primer equipo de un modo continuado.

La trayectoria de Hugo Mallo, sin embargo, es un caso particular. Debutó con el Celta sin pasar por el filial en agosto del 2009 en un partido de Segunda división ante el Numancia en sustitución de Roberto Lago, a quien adelantó en partidos oficiales esta temporada (el del Getafe tenía 209). Desde entonces no ha dejado de crecer hasta convertirse en un futbolista resolutivo que atrae las miradas de clubes más grandes mercado tras mercado.

Hugo alcanzará su quinta temporada en Primera con más de 120 partidos disputados en la categoría sazonados de momentos bonitos y otros difíciles, puesto que las lesiones se cruzaron una y otra vez en su camino, aunque sin lograr apartarle de la senda del crecimiento. En marzo del 2013, con el Bernabéu como escenario, sufrió el revés más grave de su trayectoria al destrozarse la rodilla izquierda en un lance con Ronaldo. Medio año parado fue la consecuencia. Un año más tarde una luxación en el hombro izquierdo le impedía disputar los últimos meses de la temporada, y en enero del 2015 una rotura en el ligamento lateral interno de la rodilla derecha le costaba dos meses en dique seco.

Los reveses, aunque importantes, no truncaron su crecimiento. Aprendió de ellos, maduró y fue cogiendo galones dentro y fuera de un vestuario en el que ya es un líder. Ya sea en el carril derecho, su vía natural, o como central, donde ha hecho sus pinitos, el capitán de Marín se ha ganado a pulso cada oportunidad. Ahora, en la élite, recoge los réditos del esfuerzo.

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