Guidetti se vuelca con los refugiados

A través de su fundación, el jugador del Celta organizará una iniciativa solidaria en Estocolmo


vigo / la voz

John Guidetti se vestirá de corto el sábado para dar toques a un balón, echar unas carreras y divertirse. Pero no lo hará con sus compañeros del Celta ni con sus colegas de la selección sueca, sino con jóvenes refugiados de entre diez y diecisiete años que a lo largo de los últimos meses han llegado a Suecia escapando de los horrores de la guerra. A través de la fundación que lleva su nombre, Guidetti ha puesto en marcha la iniciativa, con la que pretende, por medio del fútbol, impulsar la integración de las víctimas más inocentes de los conflictos.

«Simplemente con incorporarte a un equipo de fútbol tienes veinte amigos al instante, y sus padres, la oportunidad de conocer a otros padres. En el campo puedes interactuar con otros sin la necesidad de hablar mucho», comentaba Guidetti a la publicación sueca Afton Bladet para explicar la jornada de puertas abiertas. Dar algunos consejos sobre fútbol, jugar con los jóvenes y, sobre todo, inspirarles y animarles, son algunas de las metas que persigue el internacional incapaz de quedarse quieto ante la realidad de los refugiados. «No deberían pasar por lo que pasan, embarcarse en un viaje en el que incluso tienen la posibilidad de no sobrevivir. No podemos hacerlo todo, pero al menos debemos intentar algo», cuenta el futbolista, impactado por las imágenes que a lo largo de las últimas semanas han contado a través de los medios la realidad más cruel de los refugiados.

La personalidad y los valores del futbolista del Celta se han formado entre la Suecia más cosmopolita en la que nació y la Kenia más pobre en la que pasó parte de su infancia. Cuando tenía tres años su familia se trasladó a Nairobi por motivos laborales, y allí fue donde un rubísimo y blanquísimo John comenzó a dar patadas al balón. Regresaron a Suecia, pero la morriña hizo que cuando el futbolista tenía diez años pusiesen de nuevo rumbo al país africano. Para entonces, Guidetti ya destacaba en la cantera del Brommapojkarna, y cuando llegó a Nairobi no dudó en entrar a formar parte del equipo de fútbol local. «Los niños pobres con los que jugaba tuvieron que luchar muy duro todos los días por cosas que damos por sentado», recordaba estos días el internacional sueco, que desde el principio de su carrera decidió utilizar el fútbol para ayudar a los más necesitados.

Crear la Fundación Guidetti fue el primer paso. A través de ella impulsa iniciativas solidarias en Nairobi y quiere construir escuelas y «educar a la gente dentro y fuera de la cancha». Cuenta el futbolista que una vez que cuelgue las botas, confía en dedicarse en cuerpo y alma a sus proyectos solidarios. «No todos van a salir futbolistas, pero vamos a ser igual de felices si se convierten en mecánicos o enfermeras».

Nieto de un italiano que logró escapar de las bombas de la segunda guerra mundial y encontró la felicidad en Suecia, en la vida de Guidetti han calado historias como la de su amigo «Papi», compañero de fatigas en los campos de Nairobi y que falleció siendo solo un chaval en un tiroteo; o la de Stella Tjajkowski, amiga de la familia que sobrevivió a Auschwitz y que el pasado verano fue de las primeras que abrazó en el campo de la República Checa en la que Guidetti se proclamó campeón de Europa Sub-21.

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