Josep Señé, de corto desde los cuatro años

Señé espera echar raíces y cumplir el sueño de jugar en Primera con el Celta


vigo / la voz

El fútbol llamó a la puerta de Josep Señé (Sant Cugat, 1991) a los cuatro años. Allí comenzó un periplo que dos décadas después lo acaba de colocar en el escaparate de la Primera División después de conocer la producción de la fábrica blanca y de madurar a la carrera en un grande en plena travesía en el desierto como el Oviedo. Ahora, se quiere agarrar a la élite a golpe de trabajo. No le importa la competencia que tiene delante ni se plantea una cesión en enero. Lo único que quiere es echar raíces vestido de celeste.

Señé llegó a Vigo el pasado diciembre para jugar en el filial. Sin ninguna cláusula en donde apareciese el primer equipo. «No firmé nada de eso, pero sabía a donde venía, que el Celta es un equipo que apuesta mucho por la cantera y que se podía dar la posibilidad que se ha dado», asegura. La posibilidad la ganó con sus actuaciones en el filial, en el que irrumpió con un partido soberbio, para sufrir luego un bajón y redimirse con el cambio de entrenador: «Otero hizo un gran trabajo con el filial y me dio mucha confianza. Al principio (en el Celta B) fue un poco complicado porque el equipo jugaba bien pero no terminaba de obtener resultados, pero al final el equipo tiró para adelante y sacó los partidos».

El catalán llegó al Celta con cierta aureola. Fue un niño precoz en el Terrassa, con el que debutó en Segunda B en enero del 2010, marcando un gol al Gavá, aunque el partido terminó en derrota. Después llegó el viaje a la base del Real Madrid, para jugar en el tercer equipo blanco. «Fue un cambio importante fichar por el Madrid. Fue una bonita experiencia y entrenábamos muchas veces con el primer equipo. Fueron dos años muy buenos». Su paso por la casa blanca no le impide asegurar que aunque no tiene ningún referente en el mundo del fútbol, tampoco tiene dudas de que todo el mundo quiere ser Messi «porque es el mejor».

En el verano del 2012 cambió el proteccionismo de la fábrica blanca por la exposición de un club grande pero en apuros como el Oviedo, cargado de exigencias y de retos para recuperar su estatus en el mundo del fútbol. «El Oviedo no es Primera pero es un equipo grande, con un vestuario lleno de veteranos y yo era muy joven, y eso te obliga a madurar, porque tienes a gente mucho mayor que tú y con más experiencia».

Con ese bagaje llegó a Vigo hace solo ocho meses, después de altibajos en el conjunto carbayón, y con la calidad como principal aval desde que dio las primeras patadas. Berizzo lo vio en alguna ocasión con el filial y decidió darle una oportunidad que ha desembocado en tener ficha del primer equipo. «A la vuelta de Alemania me comunicó que subía al primer equipo y que trabajara duro para ganarme mi puesto».

Y en eso está desde entonces. No esconde el catalán que en donde más cómodo se siente es en la media punta, pero se puede adaptar a cualquier puesto con tal de tener minutos en la élite. «El entrenador sabe que puedo aportar cosas en distintas posiciones y en la que me ponga voy a intentar aportar mi granito de arena», comenta mientras no disimula que su campo habitual de batalla es la media punta. «Esa es mi posición natural, pero también he jugado en banda, y en el medio. En donde quiera Berizzo».

De entrada sabe que lo tendrá difícil en la posición de enganche con Orellana, Aspas, Wass o el Tucu como candidatos a jugar por detrás del delantero. Lejos de renunciar a la batalla, Señé asume el reto: «Esto es Primera División y los equipos de Primera tienen a grandes jugadores, más el Celta, que está formando un equipo muy bueno y evidentemente la competencia es muy grande». Por el momento, centra parte de sus desvelos en absorber todo el método Berizzo: «Estoy adaptándome, es una forma distinta de presionar, pero lo llevo bastante bien».

A estas alturas, ni de lejos piensa en una cesión. «Estoy centradísimo en trabajar duro día a día y si sigo trabajando así llegarán los minutos». Su primer reto es hacerse un hueco y debutar en Primera para cumplir el sueño de aquel chaval que con cuatro años se puso de corto y comenzó una carrera que por el momento no tiene límites. También «para echar raíces» en un club que le abre las puertas del Olimpo.

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