Once segundos de fútbol coral y preciso en clave celeste

Augusto Fernández, Nolito, Fabián Orellana y Charles Dias firmaron una estupenda acción en Riazor


Vigo

Augusto Fernández, Nolito, Fabián Orellana y Charles Dias. Cuatro de los once jugadores que el Celta tenía sobre el estadio de Riazor protagonizaron la jugada del gol que abrió el camino del triunfo céltico en el derbi, y que no duró más de once segundos. Un robo de balón, tres pases certeros y un remate al fondo de la red transformaron en delirio celeste una jugada grupal de un equipo que sigue demostrando que es capaz de maridar a la perfección las acciones y la calidad individual con el fútbol coral.

Solo se habían consumido unos segundos desde la reanudación cuando Augusto Fernández, plenamente adaptado a su papel de mediocentro, robó la cartera a José Rodríguez cuando intentaba montar una acción de ataque. El argentino interceptó un pase, tiró metros, vio a Nolito desmarcado, le habilitó un balón al espacio, el gaditano lo enganchó, encaró portería, y, con recorte incluido, vio la llegada por la derecha de su compañero Fabián Orellana. Le cedió el balón, y el chileno, con una vaselina perfecta, envió el balón por encima de Fabricio en dirección al segundo palo. Por ahí apareció entonces Charles, que queriendo cerciorarse de que el balón acababa en el fondo de la red, cabeceó la jugada maestra de un Orellana en estado de gracia. Fueron 11 segundos frenéticos en los que el equipo de Berizzo se mostró más vertical que nunca. Aprovechó los espacios, exprimió velocidad, rentabilizó la calidad de sus jugadores, y sentenció.

Y aunque esa acción coral que abrió el marcador probablemente resumía el gusto de los vigueses por el juego combinativo, en Riazor los de Berizzo también mostraron la otra cara. En el segundo gol, Larrivey se lo preparó y lo culminó. Si el primero fue fruto el juego colectivo, el segundo lo fue de la porfía. La presión de Álex López hizo que el Dépor perdiese una pelota, y Luisinho, en su intento por ceder el balón a Fabricio, se dejó ir y el argentino, que jamás da un balón por perdido, aprovechó para robar el balón y sentenciar el derbi para los visitantes.

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