Fin a doce horas sin marcar

Los de Berizzo se echaron el partido a la espalda y cortaron su nefasta racha de derrotas y falta de gol


vigo / la voz

Tras el paréntesis del borrón de la Copa, el Celta volvió por sus fueros. Por la senda del fútbol, de la intensidad, de la presión, de la combinación, de la pelea sin tregua y de la búsqueda incesante de un gol que, 726 minutos después, volvió a subir al marcador celeste. Fue un balón de oxígeno y un premio para un equipo que si de algo dio muestra, fue de lucha, porque, con todo el escenario en contra, el equipo fue capaz de creer, quizás lo más difícil teniendo en cuenta la racha nefasta que arrastraba, el penalti errado y el gol regalado al Valencia.

Dibujo

Cinco centrales y dos puntas

Berizzo cumplió su palabra y dio un giro al sistema del Celta. Armó una línea defensiva con cinco hombres dejando en los laterales a Hugo Mallo y Jonny y situando en el centro a Sergi Gómez, Fontás y Radoja. Krohn-Dehli y Augusto Fernández se acomodaron en el centro del campo y Pablo Hernández se situó unos metros por delante completando una tripleta internacional que buscaba generar juego y habilitar balones para Orellana y Charles, los dos puntas. Tras el descanso, sin embargo, Nolito entró en el terreno de juego y el esquema recuperó el dibujo habitual, con Orellana, el gaditano y Charles ejerciendo en los últimos metros y con Radoja sorprendiendo como lateral diestro.

La actitud

Premio a la ambición

A pesar de arrastrar una racha pésima y de tener enfrente un rival de zona europea, el Celta se mantuvo fiel a su ideario de querer ser protagonista. Asumió el control del partido y a base de desfondarse, presionar y correr kilómetros consiguió relegar a los de Nuno al papel de secundarios. Tras el gol visitante, con el equipo ché decidido a matar el partido a la contra, el protagonismo celeste se incrementó, y solo tras el empate los visitantes intentaron meterse en el partido.

El gol

Orellana y a balón parado

Al octavo partido, tras doce horas de sequía, el Celta cortó su infame racha. Y como si intentase vengarse de sus propios fantasmas, el gol llegó a balón parado. Charles prolongó un córner y Orellana volvió a marcar. Eso sí, antes de la igualada, los célticos desperdiciaron un penalti, balones muertos en el área e infinidad de acciones a balón parado. La entrada de Nolito, que llegaba tras superar molestias, fue determinante, puesto que metió chispa en la banda izquierda y generó un claro peligro.

Los cambios

Riesgo premiado

El Toto no destaca a la hora de gestionar los cambios, sin embargo ayer sus apuestas -obligadas por las lesiones- resultaron premiadas, y no era sencillo, puesto que fueron arriesgadas. Dar entrada a Nolito entraba dentro de la lógica, pero ello supuso situar en el lateral derecho a Radoja, que encarna como pocos la tan manida polivalencia. La entrada en el campo de Borja Fernández no desentonó, el equipo no se descompuso y el canterano cumplió.

La clave

El punto de inflexión

Aunque el Celta hizo méritos para llevarse la victoria, ayer nadie ponía pegas al empate. Lo importante era frenar la caída libre, reencontrarse con el gol y desatascarse de los 20 puntos. El vestuario confía ahora en que la igualada suponga un punto de inflexión para un vestuario que necesitaba con urgencia sacudirse todos los fantasmas.

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