La locura del once desbordó al propio Celta

Ni rastro de la identidad celeste en un partido que era para curar heridas


vigo / la voz

Eduardo Berizzo ejerció de rey mago con el Athletic. Aunque el discurso del técnico argentino sostenía que el Celta quería ir lo más lejos posible en la Copa, los hechos siguieron otro cauce. El entrenador se sacó de la manga el once más novedoso de la temporada por los nombres, por el esquema y sobre todo por la colocación de sus hombres en el primer tiempo, y el resultado fue una locura de partido en el que poco quedó de la esencia del Celta. Ni presión, ni intensidad ni fútbol. Solo un juego incoherente, los futbolistas desquiciados y una derrota que ahonda en la crisis celeste. Ni tan siquiera la lógica que el entrenador intentó seguir en cuanto a la colocación de las piezas en el segundo acto mitigó la imagen dada por los célticos en una tarde de rebajas defensivas.

La defensa

La derrota más abultada

Eduardo Berizzo diseñó un once cargado de caras nuevas y que barajó sin piedad introduciendo innovaciones en cada línea. El despropósito de los giros en las posiciones fue de tal magnitud que en el segundo acto no le quedó más remedio que plegarse a reubicar a cada jugador fuera de sitio. En la defensa el técnico argentino decidió dar una nueva oportunidad a David Costas en el lateral derecho, dejando a Jonny por la izquierda y a Cabral y a Sergi en el centro. Como ya había sucedido ante el Las Palmas, el Athletic pronto encontró la vía de agua de Costas y la explotó una y otra vez.

El centro del campo

Un giro en el dibujo

Tras su desgaste ante el Sevilla, Berizzo priorizó dar descanso a Krohn-Dehli y también sentó a Radoja. Borja Fernández fue el elegido como pivote defensivo, pero en esta ocasión parecía que no estaba solo. Berizzo, que vio el partido desde la grada por sanción, retrasó metros a Augusto Fernández y le situó en lo que parecía un novedoso doble pivote junto al canterano. El internacional albiceleste puso trabajo y esfuerzo, pero su falta de continuidad y el hecho de que su fútbol crece a medida que avanza metros, minimizó su resolución. Por delante Álex López ejercía labores de mediapunta. El ferrolano hizo un primer tiempo notable y anotó el primer gol, aunque sorprendió que fuera el elegido para el once en la tarde en la que el entrenador matizó el dibujo y jugó con enganche, el puesto en el que más cómodo se encuentra Pablo Hernández.

El ataque

Y Planas jugó arriba

El rompecabezas que Berizzo montó ante el Athletic tenía en la línea de vanguardia otra novedad insostenible. En el costado izquierdo, formando ataque con Charles y con Orellana, situó a Carles Planas, que pasó desapercibido en la faceta ofensiva, dejando así la responsabilidad para un Orellana que tampoco tuvo el día y para un Charles que sigue lejos de su mejor versión.

El juego

Ni rastro de la identidad

Cuatro minutos fue el tiempo que tardaron en verse en el marcador las consecuencias de la rocambolesca disposición del Celta. Fue lo que necesitó el Athletic para destapar las miserias de un equipo que no encontraba la posición en el campo y que solo supo amontonar defensas en el área para frenar a los bilbaínos. El balón parado puso en entredicho la concentración defensiva de un Celta que ni de lejos puso la garra y el pundonor de partidos como el del Sevilla del sábado anterior. La presión brilló por su ausencia, lo mismo que el ritmo de juego, mientras las pérdidas de balón fueron protagonistas en el despropósito de la tarde de Reyes. La locura del once desbordó al propio equipo.

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