Viaje de Nigrán al Bernabéu

Lorena García Calvo
Lorena García Calvo VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

Rafinha, con los alevines del Ureca en un torneo frente al Lérez.
Rafinha, con los alevines del Ureca en un torneo frente al Lérez.

Rafinha, que comenzó como portero del Ureca, confirmó su fútbol ante el Real Madrid

08 ene 2014 . Actualizado a las 11:46 h.

Cuando Rafinha Alcántara avanza metros, da la sensación de que el balón puede quedársele atrás. Pero no lo hace. El esférico se pega a su bota como por arte de magia mientras el hijo de Mazinho encara el área rival. Es su sello personal. Ese que cultiva desde pequeñito, cuando sus entrenadores en el Ureca ya se maravillaban de las maneras de futbolista del alevín sonriente y pizpireto que decidió cambiar la portería por el área rival.

Nadie diría que el mejor jugador de los célticos ante el Real Madrid, que en el Bernabéu se destapó con una actuación brillante, comenzó vistiendo los guantes. «Llegó en alevines y empezó como portero», recuerda Javier Lago, coordinador del Ureca y uno de los entrenadores del hispanobrasileño durante su etapa de formación. «El año de alevines jugó como portero, y puedo decir que es de los mejore metas que pasaron por la escuela. ¡Un porterazo!».

Sin embargo, el camino de Rafinha estaba más próximo al área contraria, y en sus dos años en infantiles ya dejó claro que llevaba el fútbol en las venas. «Tanto él como su hermano son niños que nacieron para ser futbolistas. Los veías jugar con el balón y hacían lo que querían». En el Ureca Rafinha se movía como media punta, «y la potencia y la fuerza ya la tenía. Ya mostraba que era un jugador muy vertical, que busca la portería contraria», enumera Lago, para quién es una «alegría» ver cómo Rafinha se ha convertido en todo un futbolista.