El amistoso acaba en pesadilla

La afición céltica denuncia agresiones y amenazas de la hinchada lusa


Vigo / La Voz

La afición del Celta desplazada a Oporto todavía estaba despertando ayer de la «pesadilla» en la que, aseguran, se convirtió el partido del domingo en O Dragão. En un compromiso para el que el celtismo se había movilizado de una forma sorprendente en pretemporada, y ante un equipo que algunos consideran «hermano», se encontraron con una actitud hostil por parte de la hinchada rival que les hizo «pasar mucho miedo». Para algunos, la cosa fue más allá, llegando a sufrir violencia física y verbal, así como robos.

Varios miembros de la Peña Dani Abalo fueron agredidos a la salida del estadio. «Por la mañana ya nos recibieron con escupitajos, pero en ese momento -les retuvieron una hora dentro del estadio tras la conclusión- ya íbamos confiados. Notamos que nos perseguían, apuramos y nos arrinconaron. Empezaron a patadas y puñetazos», relata David Abalo, que iba con cuatro amigos. Les robaron camisetas y bufandas. «Escapamos como pudimos. Fue un buen susto», describe. Dos necesitaron asistencia médica.

Las bufandas y camisetas que a unos les sustrajeron, otros se las quitaron antes. «Hubo quien compró ropa para pasar desapercibido. La tensión vivida no era normal. Quién más y quién menos estaba muy asustado», explica David Penela, que abandonó O Dragão en el minuto 80 «para evitar males mayores».

«Te mataban con la mirada»

Tampoco Marta Saiz esperó al final. «No disfrutamos del partido, ya era lo de menos. Queríamos salir de allí cuanto antes», dice sobre la que considera «la peor experiencia» de su vida en un campo de fútbol. Los problemas habían empezado ya al mediodía. «Los reventas nos amenazaron y no nos dejaban acceder a las taquillas», recuerda. Luego se refugiaron en un centro comercial. «Te mataban con la mirada. Nos sentíamos vigilados y vimos gente con labios rotos. Fue horroroso», lamenta.

Algunos autobuses célticos fueron escoltados a su llegada tras los incidentes previos. «Se perdió el sentido del amistoso. No nos podíamos imaginar que fuera a pasar algo así», dice Víctor, de Carcamáns. Para Berto Carballo, de Preferencia, lo ocurrido «empañó por completo un partido que era para disfrutar».

Otro de los afectados fue la Peña Lío en Río, que así lo confirmaba ayer, pero prefería no hacer declaraciones. Según otras fuentes, este colectivo también sufrió agresiones y el robo de un teléfono móvil.

Dentro del estadio, los insultos fueron una constante. Lamentan también que no se respetara el minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente de tren de Santiago. «Fue todo una salvajada. Había gente con guantes de boxeo. Una batalla campal», dice Amador, de la Peña Jorge Otero. Él iba con sus hijos: «Si estoy solo y tengo que chupar dos bofetadas me preocupa menos, pero con los niños...», subraya. «Fue peor que un derbi en Coruña».

Todos apuntan en que la organización del Oporto, que les dispersó por el estadio tras ofrecer menos espacio del prometido, no contribuyó a mejorar las cosas. Coinciden, también, en que nunca volverán a O Dragão.

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