«Yo en ese momento no veía más que fuego, más que quemarme, más que querer irme de este mundo», recordó tras la dura etapa personal que pasó, antes de resurgir de sus cenizas y volver con La oreja de Van Gogh
16 sep 2026 . Actualizado a las 11:25 h.«Vivía un infierno, quería irme con mi padre», confesó Amaia Montero recientemente en una entrevista con Jomari Goyso para el programa Despierta América. «Viví un auténtico infierno y nunca imaginé regresar. Vino mi madre un día a la cama, porque yo pasaba todo el día en la cama, y le decía: "¿Tú crees que volveré a ser la persona que era antes?" No te hablo del artista, no, la persona. Y ella me decía: "Claro que sí, cariño"», recuerda que le animó su progenitora, que en su caída al abismo, fue uno de sus grandes apoyos, junto a su hermana Idoia.
«Yo en ese momento no veía más que fuego, más que quemarme, más que querer irme de este mundo», revelaba. La cantante perdió a su padre víctima de un cáncer en el año 2009. Apenas habían pasado dos años tras su decisión de abandonar La oreja de Van Gogh, la banda con la que había saltado al estrellato. Había emprendido una carrera en solitario que terminó en el 2020 con su retirada temporal. Su vida publica se redujo notablemente y los fans miraban muy preocupados a la artista, que no pasaba por un buen momento a nivel anímico.
Pero Amaia Montero resurgió como el ave fénix y lo hizo a lo grande. De la mano de Karol G, que la invitó a subir al escenario por sorpresa en su concierto en Madrid para cantar Rosas. «Peleé, peleé con mucha ayuda, pero peleé mucho», recuerda Amaia. «Ya estaba bastante mejor y recuerdo que me lo puse como una especie de reto. Dije sí sin pensar, voy a probarme y no era fácil probarse con Karol y en Bernabéu. Ella es maravillosa, muy sencilla, humilde y me hizo sentir muy bien. Es un gran ser humano», asegura la cantante donostiarra, que se deshace en halagos hacia La Bichota.
«A mis 50 años y después de pasar lo que he pasado, me importa un reverendo bledo lo que digan los demás», se sincera, y recuerda que «Bajar al infierno te hace prácticamente indestructible».
En una entrevista reciente Amaia Montero ya había hablado de su infierno personal, que nombró en su primer concierto en Bilbao. «En aquel primer concierto yo quería contar de dónde venía y dónde estaban mis coordenadas vitales. Llevaba tiempo fuera del circuito, estuve muy enferma y lo pasé muy mal, pero me fui curando. Quería volver al mundo pero desde lo que considero 'mi casa', y mis compañeros del grupo son mi casa. Ha sido mi mejor cura, una terapia para todos. Cuando vienes de ahí abajo aprendes a relativizar y distinguir lo importante de lo secundario: solo quieres ascender a la superficie. Al principio hubo nervios sabía que había gente esperando mi caída. Quería vivir el escenario, estar ante el público otra vez», contó.