Las caóticas últimas horas de Liam Payne, contadas por dos trabajadoras sexuales a las que había contratado: «Pidió perdón de rodillas»

LA VOZ REDACCIÓN

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Liam Payne, una fotografía de archivo tomada en París en el 2024
Liam Payne, una fotografía de archivo tomada en París en el 2024 VICTOR AUBRY / SIPA

El excantante de One Direction les habría ofrecido 5.000 euros por una jornada de fiesta y un trío sexual apenas unas horas antes de precipitarse por el balcón que lo condujo a su muerte

04 ago 2026 . Actualizado a las 16:08 h.

Liam Payne, el excantante de One Direction, murió el 16 de octubre del 2024 tras caer del balcón de la habitación en la que se hospedaba en un hotel de Palermo, en Argentina. La autopsia posterior determinó que el británico tenía en su cuerpo un cóctel explosivo de alcohol, droga y de setralina, un potente antidepresivo que le había recetado su psiquiatra precisamente para controlar sus adicciones. Todo eso fue lo que llevó al artista de 31 años al abismo en una noche fatídica que estuvo durante mucho tiempo rodeado de incógnitas. Pero muchas de ellas han sido despejadas por dos testigos clave, las chicas que compañía que había contratado para hacer un trío solo unas horas antes y a cuyos testimonios han tenido acceso tanto el Daily Mail como el diario argentino Infobae

Los nombres de las chicas eran Aldana y Lucila, que habían acudido al hotel CasaSur tras hablar con Payne por WhatsApp. Él las había encontrado a través de la app de prostitución Gemidos y les había prometido cinco mil dólares (algo más de 4.300 euros) por un día de fiesta. Ambas madres solteras, con historias marcadas por la pobreza, acudieron a su cita en el tercer piso del hospedaje de Buenos Aires y entregaron sus identificaciones en recepción. 

En sus testimonios, aseguraron que de camino en taxi desconfiaron de que se tratase realmente del cantante, que les había enviado un vídeo de él mismo interpretando un tema. Aldana, aun así, llegó a contactar con el hotel para saber si allí se hospedaba realmente Liam Payne. Desde la recepción lo negaron, ya que posiblemente había dado otro nombre. Pero él accedió entonces a hacer una videollamada con ellas para demostrar que sí era él.

Tras subir en el ascensor poco después de las 11 de la mañana, el propio Payne les abrió la puerta con una sonrisa. La habitación, según han relatado, daba buena cuenta de la situación límite en la que se encontraba el cantante. «Estaba todo revuelto, desordenado, con papeles de aluminio, usados para la droga, tirados por el suelo; un cajón lleno de ellos, y también en la parte del sillón había más papeles de aluminio quemados», narraron. Fue la misma imagen que se encontró la policía al llegar.

Una vez en la habitación, bebieron alcohol; champán ellas y Johnnie Walker Black Label para él. «Tenía mucho olor a alcohol, pero se le veía bien, como una persona armoniosa», contó Lucila, que aseguró también que él estaba consumiendo «algo como cristal, con papeles de aluminio», mientras rogaba por más. «Nos pedía que se lo consiguiéramos, pero no teníamos de dónde sacar, porque no hacemos eso», indicó. Aunque su compañera, Aldana, asegura que no vio al cantante drogarse en ningún momento. 

Fue entonces cuando empezó el trío. «Mantuvimos relaciones sexuales con él, que fueron consentidas», contó Lucila, mientras Aldana, que no hizo mención al sexo, aseguró que en un momento dado Payne comenzó a cantarles y a enseñarles las canciones que estaba componiendo.

Fue entonces cuando, tras terminar el asunto, les pidieron el dinero que había prometido. Payne comenzó a realizar llamadas y, ante la insistencia de las mujeres para la transferencia, el cantante se enojó y las echó de la habitación. Intentó pagar con su Rolex, que nunca fue localizado por los investigadores y, ante la presión de las trabajadoras sexuales, se lo sacó, lo tiró contra la pared y lo rompió. «Dijo que se podía comprar diez como ese», indicó Aldana.

Las dos prostitutas bajaron al la recepción, y Payne apareció, muy alterado, y se encaró con ellas. «Me dijo que también tiene un hijo de siete años, pero que la plata no lo hace feliz», contó Aldana. El clima no hacía más que tensarse. El británico subía y bajaba desde el tercer piso a la recepción, mientras las mujeres alertaban al personal el hotel que había destruido el televisor de la suite. Lucila llegó a subir de nuevo a la habitación para recuperar su neceser y pidió pasar al baño, mientras Payne aprovechaba para disculparse con su compañera. «Pidió perdón de rodillas por el mal momento», indicó Aldana, que aseguró que les pidió que se quedaran, algo a lo que se negaron.

Volvieron a bajar a la entrada del hotel y lo esperaron allí. El artista no llegaba. El recepcionista intentó contactar con él, llamándole al teléfono de la suite para recordarle que había dos señoritas esperando por él. Pero no tuvo éxito. Entonces decidió contactar con el mánager, que al parecer les hizo a ambas una oferta de 300 dólares para que se marcharan de allí. Ambas se fueron frustradas y, aparentemente, con las manos vacías para sus respectivas casas. Apenas un poco después, la noticia les llegó mientras curioseaban las redes sociales en sus móviles: Liam Payne había muerto tras caer del balcón en la misma habitación en la que habían estado apenas unas horas antes. Se habían convertido, sin pretenderlo, en testigos clave de una misteriosa muerte.