Hillary Clinton mira al futuro y augura que será una abuela «inaguantable»

Hasta tres días a la semana llega a las seis de la mañana un entrenador personal a su vivienda para «torturarle», como afirma, pero eso le da energía al igual que la cafeína y las siestas en el avión que le transporta a todas las partes del mundo.


Hillary Clinton habla sin tapujos sobre sus planes para un futuro alejado de la política, pero pese a que ésa es su pasión, lo que realmente adora es su familia y lo que desea es ser abuela, aunque se imagina «inaguantable» en ese papel.

En una entrevista en la revista Harper's Bazaar, la secretaria de Estado de EEUU se enfrenta «al mito y a la realidad» sobre su propia persona, como política que dirige la diplomacia de su país y como mujer a la que le gusta la moda, el deporte y dedicar tiempo a su esposo, el ex presidente Bill Clinton, y a su hija, Chelsea.

Clinton, de 63 años, está, tras una larga vida en el centro de atención y haber prestado sus servicios a su país durante más de tres décadas, podría haberse retirado hace tiempo, pero parece tener más energía que nunca.

Su jefa de gabinete cree que tiene una «quinta marcha», otros que tiene un «gen» diferente para entregarse completamente a su país.

Ella admite bajo risas que eso puede ser, pero realmente la respuesta es más simple: «Me encanta lo que hago», dice.

«No voy a hacer esto para siempre. Quiero enseñar, quiero hablar en conferencias, quiero viajar», afirma. Y le gustaría ser abuela.

«No presiono, porque no quiero ser ese tipo de madres, pero obviamente, algún día me encantaría» serlo, señala. Eso sí, «probablemente sería una (abuela) inaguantable», una que querrá ver al niño siempre, explica.

Se ve en un futuro dando clases de Relaciones Internacionales, trabajando en pro de los derechos de las mujeres y de vez en cuanto relajándose en una playa.

Reconoce que hoy por hoy hay días en los que desearía no tener que levantarse.

«Las mañanas van bien, pero al final del día a veces estoy tan cansada que solo voy a casa, pongo los pies encima de la mesa, leo revistas, veo la tele e intento vaciar mi mente», explica.

Hasta tres días a la semana llega a las seis de la mañana un entrenador personal a su vivienda para «torturarle», como afirma, pero eso le da energía al igual que la cafeína y las siestas en el avión que le transporta a todas las partes del mundo.

Pese a lo complicado que es su trabajo, se siente más segura que haciendo campaña, aunque tenga que decidir cómo tratar a China o si sonríe o no al presidente venezolano, Hugo Chávez, indica.

Clinton, que ha sido caracterizada muchas veces como fría y calculadora, ha cambiado su imagen en la opinión pública.

Ella no piensa en eso, porque asegura que siempre ha sido la misma persona, solo que se ha visto en diferentes situaciones a lo largo de su vida, y que mucho de lo que sucede no se pude controlar.

Lo importante es cómo se responde a esas situaciones, opina.

Fue así después de la filtración de los cables diplomáticos por parte de WikiLeaks, cuando vivió días «largos», tuvo que hacer una lista de llamadas para aplacar a los líderes ofendidos y encima de todo ir a una gira en la que iba a ver a presidentes furiosos.

Pero además de la política, Clinton tienen otros temas que la apasionan. Cuenta que le encanta nadar, que cuando está en su casa en Nueva York hace yoga con un profesor particular y que le gusta ordenar la vivienda, dar largos paseos con su marido y sus perros por los bosques, ver películas y salir a cenar.

Tiene varias películas candidatas a los Oscar en casa y le gusta ver en televisión la serie «Anatomía de Grey».

Clinton es además coqueta y tiene una debilidad por los bolsos.

Conocida por ir siempre en traje y chaqueta, con joyas y diferentes peinados, no hay nada que le haga más feliz que un «buen bolso». Tiene la teoría de que unen a las mujeres.

Posee un bolso de la marca Ferragamo de color «rosa chicle que adoro» y que lo lleva ya sea primavera o invierno.

En la última Asamblea General de la ONU sorprendió con un recogido juvenil con pinza de mariposa. Le sorprende que la gente le diga que es más guapa en persona que en las fotos.

En enero conversó sonriente y radiante con Chávez en la investidura de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. Fue como si tuviera muchas ganas de tomarse una cerveza con él, dijo la revista.

«Oh. Bueno, es la única manera de vérselas con él, supongo», respondió igualmente una sonriente Clinton.

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