Míriam Quiroga abre el cajón secreto de los Kirchner

Los argentinos la llaman «la otra viuda de kirchner». Ella, por su parte, se autoproclama «la evita de néstor». La aparición en escena de Míriam quiroga huele más a corrupción que a salsa rosa


En el entierro de Néstor Kirchner, el pasado 28 de octubre, todas las miradas se centraron en su viuda, presidenta del país, Cristina Fernández. Se acababa de forma inesperada una unión de 35 años donde ambos compartieron vida e ideales. Estudiaron juntos, entraron en política a la vez, se casaron, tuvieron hijos y ocuparon, por turnos, el sillón presidencial de la República Argentina. Él con el apoyo de ella, ella bajo la autoridad de él y ambos multiplicando su patrimonio y levantando grandes sospechas sobre la legalidad de su fortuna.

Los planes de Kirchner de presentarse a las elecciones para suceder a su mujer se truncaron con su muerte, pero la trágica noticia fue un revulsivo para la imagen de Fernández. Su luto y el pucherito -como los definen sus detractores- fueron durante estos tres meses el mejor márketing para la campaña de las elecciones del 2011, y los únicos capaces de devolverle el apoyo popular que había perdido durante un mandato marcado por la inflación, la crisis económica y las acusaciones de corrupción.

Pero esta semana la historia volvió a dar un giro. El lunes, los quioscos del país amanecían con la portada de Noticias -un semanario político argentino contrario a este Gobierno- y su tajante titular: «La otra viuda de Kirchner».

En el interior, Franco Lindner -un periodista que ya ha publicado otros artículos, como la posible bipolaridad de Fernández, y con el que La Voz se puso en contacto para la elaboración de este reportaje- recogía el testimonio de una supuesta amante del ex presidente.

Se llama Elisabeth Míriam Quiroga, tiene 50 años, es de Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, y con los años ha ido cambiando de aspecto, adquiriendo un mayor parecido físico con Cristina Fernández. Está separada, tiene cuatro hijos y aunque se había rumoreado que su hija de 11 años era fruto de su romance con Néstor, ella misma lo desmintió: «Ojalá. Si fuera de él, estaría cubierta de plata».

Era periodista en Santa Cruz en los años 90 cuando conoció a Kirchner. Desde entonces empezó a trabajar en su entorno, primero como locutora oficial en los actos de campaña cuando él era gobernador provincial y, más tarde, como su secretaria personal. Con esta función lo acompañó hasta Buenos Aires cuando él asumió la presidencia en el 2003. «Dejé mi familia por él», explicó ella.

En los últimos años, Quiroga tenía un puesto como directora en el Centro de Documentación Presidencial, aunque ella se definió como «secretaria todoterreno», ya que monitorizaba las actividades del ex presidente. Tampoco dudó en compararse con Eva Perón: «Mi trabajo era como un ministerio de los pobres, yo era la Evita de Néstor».

Otras fuentes del entorno del ex presidente aseguraron al periodista de Noticias que era «necesario» llevarse bien con ella para tener acceso al ex presidente. Además, desde junio su nombre estaba encabezando el equipo que trabajaba en el Proyecto Nacional de Néstor Kirchner, donde este se preparaba para presentarse a las próximas elecciones.

El despido

El puesto extraoficial lo perdió con la muerte de Kirchner y el oficial el pasado 5 de enero, cuando Cristina Fernández decidió que quería sustituirla por una joven de La Cámpora, el grupo de militantes del kirchnerismo bajo el liderato del hijo de Néstor y Cristina, Máximo. «¿Que por qué me echaron? Ella debía de saber lo nuestro. Era vox pópuli que éramos amantes», explicó Quiroga. Desde que la informaron de su cese, la secretaria ha intentado recibir otro puesto público, pero asegura que en la Casa Rosada todavía no le han devuelto ni siquiera las llamadas.

Sin embargo, a las pocas horas de que la portada llegase a las calles, Quiroga ya se había arrepentido de su confesión y, desde entonces, no ha vuelto a decir una palabra a ninguno de los medios argentinos que van tras ella.

Dos décadas de secretos

Y los medios continúan siguiéndola porque el verdadero valor de su testimonio está en lo que aún no ha dicho. Haya sido o no la amante de Kirchner, es innegable que Míriam Quiroga ha trabajado durante veinte años al lado del político, lo que la pone en una situación privilegiada, donde custodia muchos secretos que pueden hacer tambalearse el Gobierno de Fernández y la memoria de Kirchner.

En ese tiempo, el patrimonio de la pareja creció como la espuma. De tener algunas propiedades en Río Gallegos y una fortuna de 582.000 euros en el año 2003 -antes de la presidencia de él-, hasta multiplicar esa cifra por 21 en el año 2008.

También en esos años se produjo el caso de la compra de terrenos fiscales del ayuntamiento de El Calafate. En aquella ocasión el matrimonio compró más de 20.000 hectáreas a 0,85 céntimos de euro el metro cuadrado y lo vendieron a los dos años multiplicando por 47 su inversión inicial.

De eso no habló, pero sí dejó caer comentarios sobre otras personas cercanas a ellos. Funcionarios que, según ella, «entraron con una mano delante y otra detrás y ahora tienen mucha plata» como Ricardo Jaime, emblema de la corrupción K que se enfrenta a varias causas judiciales en este momento, o Carlos Zanini, actual mano derecha de la presidenta.

Wikileaks

La falta de transparencia y el alto grado de corrupción del Gobierno argentino ha preocupado hasta al mismísimo Obama. Las informaciones gubernamentales filtradas por Wikileaks recogían cómo el ex embajador de la sede norteamericana en Buenos Aires hablaba con el gobierno norteamericano de una comisión del 15% que debían pagar las empresas interesadas en hacer negocios en este país. En esos cables también se recogían otras acusaciones como ofertas de puestos políticos a jueces y, sobre todo, la falta de voluntad para acabar con la corrupción, ya que muchas denuncias que tenían como objeto a los Kirchner o a gente de su entorno político han sido desestimadas y no han llegado a investigarse.

Ante este revuelo de información sobre su matrimonio y su Gobierno, Fernández optó por el mismo silencio que mostraba su marido, pero si quisieran tirar de la manta para descubrir todo lo que se sospecha sobre la corrupción kirchnerista, testimonios como el de Míriam Quiroga podrían ser cruciales.

«Es el día más doloroso, pero no el más difícil», dijo Fernández a los argentinos cuando murió Kircher. Ese día, el más difícil, tal vez llegue si tiene que enfrentarse a los tribunales. Y sin Néstor.

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