La fiesta, en pleno paseo de Gracia, era un homenaje a los felices años 20

Eugenia Martínez de Irujo, Bono y Artur Mas fueron algunos de los invitados que asistieron a la glamurosa fiesta.


Había fotógrafos con sombrero Borsalino esgrimiendo enormes cámaras de cegadores flashes como en las películas de gangsters. Mujeres con vestidos de flecos y collares kilométricos, un cañón de luz que barría la fachada, el ruido de las sirenas al fondo...Podría tratarse de los locos años veinte, pero era este loco año 2009, una noche de Sant Jordi, en Barcelona, en la inauguración de la nueva sede de joyas Tous y relojes Rolex, en pleno Paseo de Gracia. El tema de la fiesta era el charlestón, en homenaje a la época de la que data el edificio que alberga la joyería.

Y el plato fuerte de la noche era Kylie Minogue. Pero toda estrella del pop necesita teloneros... Involuntario papel que les tocó interpretar a José Bono y señora. Y todo por ser puntuales. Bono llegó justo detrás de Artur Mas. Lucía un impecable traje oscuro, pero no llevaba sombrero. «Disfrazarme más habría supuesto jugar demasiado a la representación», explicó risueño. A su lado, Ana, su esposa, propietaria de varias joyerías de la firma anfitriona cumplía todos los requisitos: flecos, collares, diadema de lentejuelas en la frente, marabú... «Como hoy es Sant Jordi y estamos en Barcelona, le he regalado a mi mujer una rosa. Y ella a mí un libro: Memorias de África», contó embelesado el presidente del Congreso.

Los Tous llegaron y posaron, como siempre, en familia. Las hijas mayores, Rosa y Alba, llevaban el cabello peinado con favorecedoras ondas al agua. Su estilo retro contrastaba con los ultramodernos tacones metálicos de Pilar Rahola. «Creo que estoy en el sitio equivocado y en el momento equivocado. ¡Me siento un cactus!», proclamaba la ex política, para más tarde añadir que el novio de Kylie Minogue, Andrés Velencoso, «tiene una alegría horizontal».

La pelirroja Olivia de Borbón se disculpó por no haberse vestido de charlestón, «pero es que es una moda que no me favorece nada».

Novia del diestro Sebastián Palomo Danko, Olivia recordó que ella no es taurina, que no va a la plaza ni monta capillas mientras él torea, pero que «los nervios de esperar esa llamada, cuando acaba la corrida, no me los quita nadie». Boris Izaguirre sólo llevaba una prenda retro: los zapatos. Venía de pasarse el día firmando libros... «Me han regalado una rosa azul», contó entusiasmado.

Y por fin llegó Kylie Minogue. Bella y diminuta a la vez, la australiana iba encaramada a unos tacones de más de doce centímetros y literalmente embutida en un vestido vintage couture de Hervé Léger, de escote palabra de honor y tonos negro y marfil. «¿La tradición de Sant Jordi? Sí, ahora recuerdo que algo me ha contado él», dijo guiñando un ojo en referencia a su joven novio, el modelo catalán Andrés Velencoso.

Eugenia Martínez de Irujo, que por su estatura y tacones, podría ser prima hermana de la Minogue, tomó el relevo. «Mi madre está mejor, gracias. Al menos, vuelve a hacer su vida», dijo. Y también, que «es una falta de respeto» que a su ex marido, Fran Rivera, le digan que devuelva la famosa medalla. Paco Valladares pasó de los años veinte y se vistió con una chaqueta de pana, en honor quizá a los locos años de la Transición. Y Bigas Luna, de negro, explicó que Elsa Pataky será la protagonista de la segunda película de su trilogía sobre las mujeres y el éxito.

La fiesta, con Kylie Minogue incluida, continuó en la histórica Casa Batlló, de Gaudí, donde se bailó al ritmo de una orquesta de charlestón.

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