¿Pueden Isabel II y Kate Moss rivalizar en elegancia?

La revista «Vogue» ha incluido a la reina de Inglaterra en la lista de féminas mejor vestidas del mundo. ¿Es una broma o falta de sentido común y zalamería?


Diariamente se producen noticias impactantes, por lo general son aquéllas que no sabes si echarte a reír o a llorar, aquellas que afectan a tu sentido del equilibrio. Que la revista Vogue haya considerado a Isabel II, la reina de Inglaterra, como una de las mujeres más elegantes del mundo, al mismo nivel que las supermodelos Naomi Campbell o Kate Moss, es cuando menos impactante, ya que por unos segundos pierdes la noción de la realidad, sientes que caes en una espiral insustancial, no sabes cómo reaccionar ante el recuerdo de la mentada con sus guantes de cirujana, sus sombreros anacrónicos, sus abrigos pasteleros, y retocada -pero no es un retoque divino- con un bolso marujiano, que solo sabe la Divina Encarnación qué guardará en él. Tras asimilar tanto esperpento, uno no sabe si mondarse de risa como Mortadelo y Filemón ante la visión de una Ofelia presumida, o llorar por la falta de sentido común y zalamería de los de Vogue.

En fin, lo cierto es que la estampa de la soberana que el próximo 22 de diciembre será la más anciana en gobernar en el Reino Unido -tiene 81 años-, se ha paseado estos días entre los retratos de las supermodelos internacionales tras ser calificada por la revista Vogue como una de las cincuenta mujeres más elegantes del mundo en la Definitive List of Today?s Glamorous Women (léase con entonación de presentador fracasado de programa-basura y entre mucha fanfarria, «¡La lista definitiva de las mujeres más elegantes del momento!»).

Que los de Vogue colocaran en la lista a Claudia Schiffer, Sophie Dahl o Daisy Lowe, hombre, pues es comprensible, creo que a nadie sorprende. Pero no, había que llamar la atención y los de la revista Vogue decidieron (¿la elección se produjo tras un sarao con mucho cocktail y mucho Ferrero Rocher?) que la Reina Isabel II posee una extraordinaria habilidad para llevar ropas prácticas de calle con el mismo estilo florido con el que se muestra con coronas y capas, enfatizando de esta manera que «glamur es un concepto sobre cómo vistes, no sobre lo que vistes», tal como indicaba un comunicado de la revista-biblia, agregando -en un acto de autodefensa por su propia sobrada- «el glamur no se puede comprar, no se puede fingir, pero a diferencia de la belleza, no es algo con lo que se nace, aunque en algunos se muestra de una manera más natural que en otros».

El problema con la reina de Inglaterra es que esta mujer nos ha demostrado a lo largo de su victoriano reinado que es capaz de vestir cualquier cosa, por rancio que sea su look, pero siempre con variaciones sobre un mismo tema, abrigo-sombrero-bolso-guantes, todo pastelón y autocrático. Ahora resulta que esto, tener un estilo propio, por friki que sea, es glamur.

En Buckingham Palace la noticia ha sido recibida con gran jolgorio, este serio, sin coña. «Es un enorme cumplido, la soberana tiene un sentido muy práctico de la moda y un gran sentido de la ocasión», indicaba un comunicado leído por una portavoz real pizpireta y superguay.

Sombreros locos

Los franceses también reconocían el gusto de Isabel II, pero de una manera más colorista y menos estirada. En el año 2002 la revista L?Express decía que la soberana del país vecino de arriba era «una entusiasta de los vestidos floreados y los sombreros locos», lo que la convertía, según esta publicación, en uno de los principales iconos del siglo XXI.

Y durante un viaje de Isabel II a Italia en el año 2000, Miuccia Prada, cuyos accesorios son adquiridos por celebridades como Victoria Beckham, decía que la soberana «es una de las mujeres más elegantes del mundo». Pero a ver, viniendo del mundo de la moda, de boca de individuos que visten a modelos insustanciales de las maneras más descabelladas, ¿a quién puede sorprender semejantes manifestaciones?

Adorno de cajas de galletas

¿Y cómo se toma la ciudadanía mundial el tema del glamur de la soberana británica? El diseñador Hardy Amies vistió durante cincuenta años a Isabel II. Fue él quien diseñó el vestido de la soberana para el jubileo de sus bodas de plata como reina y en la actualidad, la foto de Isabel II y su vestido, ¿dónde ha terminado? Adornando cientos de cajas de galletas.

Y sí, es cierto que la ropa que viste la soberana puede crear tendencia, pero ¿dónde? ¿en los geriátricos?

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