En el centenario restaurante La Marina explican el motivo de la existencia de una zona que rinde culto a este bivalvo y que, cada vez, atrae a más interesados

L. G. V.

El marisco suele ser el protagonista en los restaurantes y los mercados gallegos. Sin embargo, en el corazón de Vigo, la reina indiscutible es la ostra. Precisamente en calle conocida con el nombre de estos moluscos está el restaurante La Marina, un negocio familiar con una particular simbiosis con su ostrero. Él sirve las ostras mientras el restaurante proporciona asiento, mesa y una copa de Bodegas Marqués de Vizhoja para degustar este manjar.

La historia de este restaurante centenario va en paralelo a la tradición que rodea al Mercado de A Pedra, con una calle llena de puestos de venta de ostras. «Nos remontamos a un contexto anterior a la guerra civil», explica Diego Rodríguez Cabaleiro, heredero de la tradición familiar al frente del restaurante.

«Entonces, la industria pesquera ganaba fuerza en Vigo, explotando el marisco y el pescado, por lo que la ciudad comenzó a crecer». A esto se suma la emigración gallega, cuando miles de familias enmigraron a América. «Mi familia, que venía del interior rural, es una de ellas». Continúa Cabaleiro: «El restaurante, que aún no era nuestro, estaba frente al puerto, donde embarcaban los pasajeros, por lo que en él comían trabajadores, tripulantes y pasajeros. Mi familia salió del puerto de Vigo y probablemente comiera en este restaurante», explica.

«Cuando mi padre volvió a España, tras una larga temporada emigrado, compró el local». Así fue como su familia pasó de clientes a propietarios de un local que es ahora centenario. La Marina fue creciendo conforme lo hacía la zona. Entonces, «el Hotel Bahía era un gran mercado, con productos de mar y de interior». Como mucha gente no encontraba puesto para vender su producto, se hacía uno improvisado.

En la calle de la Pescadería, nombre real de la calle de las ostras y donde se ubica el restaurante La Marina, se colocaron muchos pescadores de Arcade. De forma similar a la actualidad, vendían pescados y mariscos, entre ellos las ostras, que se degustaban de pie o en cualquier rincón. Derivado del problema de espacio del mercado nació una atracción turística en esta calle. «Por lo que se incrementó la salubridad, se peatonalizó, se habilitaron grifos y neveras», puntualiza Diego. Así es como llegamos a la actual a la relación entre los ostreros y los restaurantes.

casi un ritual

 Los ostreros se colocan delante del restaurante, con su puesto. «La ostra la trae el ostrero, la abre y la sirve al cliente. Pero se consume en nuestro local, para poder tomarla acompañada de un vino, en una mesa y con un buen servicio», precisa. «Lo que más diferencia esta experiencia es que no hay intermediarios. El propio ostrero trae la ostra desde la depuradora, donde las tiene seleccionadas en su propia zona», añade. Además, se traen en pequeñas cantidades y nunca pasan en neveras más de una jornada, algo único en España y en Galicia. De hecho, la proximidad les permite devolverlas al agua de mar en la depuradora en caso de calcular mal la cantidad, «en vez de meterlas al frigorífico».

 La apuesta por el producto local es firme en este restaurante. «Tanto la ostra como todos los bivalvos gallegos, como mejillón, zamburiña o navaja son muy especiales. Tenemos un ecosistema único y una industria muy fuerte en este sentido», precisa. Para acompañar todos estos productos lo mejor, siempre, es un buen vino. Para cualquier bivalvo Diego defiende un vino blanco. «El tinto enmascara el sabor del marisco. La ostra se come cruda, por lo que quieres aprovechar el sabor, así que el blanco es la opción ideal».

La propuesta de Diego para el maridaje de las ostras son los vinos de Bodegas Marqués de Vizhoja. «Tienen el nivel necesario de acidez para dejar ver esos sabores sutiles de la ostra, por lo que se nivela todo en la boca». Marqués de Vizhoja, el vino más afamado de esta bodega, y que se puede encontrar en este local, es una opción perfecta para maridar con las ostras. Su sabor fi­no y equilibrado, que recuerda a manzana, pera y a notas alimonadas, combina a la perfección con todo tipo de mariscos.

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¿Fue antes Vigo o la Bretaña francesa? La calle de las ostras gallega tiene una explicación