A Taberna de Montse: un paraíso de los platos de cuchara donde se cocina a la vista de todos

Situado en Riotorto (Lugo), la responsable del establecimiento triunfa con el caldo, la fabada, los callos o sus estofados, que prepara «en forno de leña, despaciño»


Vilalba

Hay platos que entran por la vista porque su aspecto nos seduce. Otros entran por el olfato porque su olor los hace irresistibles. Hay platos que incluso entran en el oído porque se oye el sonido de las ollas en la cocina. Esa última posibilidad está al alcance de quien visita A Taberna de Montse, un paraíso de los platos de cuchara en donde el comensal ve cómo se cocina, nota el olor de los platos y hasta oye cómo se van preparando en las ollas.

El establecimiento está situado en la parroquia de A Órrea (Riotorto), al lado de la carretera N-640 (Barres-Vilagarcía de Arousa). Montse Castiñeira, que da nombre al negocio, recuerda los tiempos en que en unos 20 kilómetros, entre Meira y A Pontenova, había más de una taberna por parroquia; hoy sobran los dedos de una mano para contarlas todas, pero la suya se mantiene como un reclamo irresistible dentro y fuera de Galicia.

Cuando se le pregunta por los platos estrella que ofrece, la responsable del establecimiento no duda en decir que el caldo, la fabada o los callos gustan mucho sin olvidar los estofados, que se preparan, dice, «en forno de leña, despaciño». Poco importa que sea verano o invierno: la fabada suele ser habitual con calor o con frío, aunque unas veces se prepara con almejas y otras con acompañamiento porcino, y los comensales lo agradecen.

El comedor está al lado de la cocina, pero en este negocio hay además otro concepto del valor de proximidad. Lechugas, pimientos y repollos proceden de la huerta propia; parte de la carne de ternera es de reses propias, y la que se compra fuera es gallega. La merluza viene de la cercana lonja de Burela; el pan se elabora en un negocio del vecino municipio de A Pontenova que proporciona producto tradicional y abastecimiento permanente. El vino de la casa es del Bierzo, aunque no faltan los de O Ribeiro ni los de la Ribeira Sacra para quien apuesta decididamente por productos gallegos.

El toque dulce

Todo ello, tras unos postres en los que el flan —casero, faltaría más— genera especial atracción, acaba con café de pota, que suscita el mismo agradecimiento que el resto de las elaboraciones, cuya abundancia permite llenar el plato más de una vez: «O noventa por cento da xente quéreo», dice Montse Castiñeira.

La responsable del establecimiento aprendió la cocina de su madre y de su hermana, aunque una parte se logró también de sus ganas de aprender cosas nuevas. No obstante, el apego a lo tradicional y a lo cercano parece una de las claves de un restaurante que igual seduce a los turistas que atrae a los de cerca. Por un lado, quienes pasan unos días de descanso en municipios cercanos anotan la visita a este negocio a la hora de hacer planes; por otro, trabajadores del sector forestal y ganadero son fieles clientes de un restaurante en donde la comida entra por los ojos, por el olfato y por el oído antes de dejar un buen sabor de boca.

  • Plato estrella: Las fabas en sus distintas elaboraciones
  • Precio: Menú diario 10 euros, sábados a 12 euros. Cierra los domingos

Asador Manduca: no todo va a ser carne

X. R. ALVITE
David Carreira regenta el local junto a sus padres
David Carreira regenta el local junto a sus padres

Con cinco veces más vacas que habitantes, Mazaricos es el lugar indicado para disfrutar de un buen chuletón. Sin embargo, en A Picota un restaurante ha revolucionado la cocina con sus productos de la huerta y atrevidas pero acertadas combinaciones

Con cinco veces más vacas que habitantes parece razonable pensar que Mazaricos es el lugar ideal para disfrutar de un buen churrasco de ternera, un solomillo o un extraordinario chuletón de vacuno mayor. Sin duda lo es y, de hecho, son varios los restaurantes y parrilladas que destacan por el cuidado trato culinario que dan a estos despieces.

Uno de ellos es el asador Manduca que, desde su apertura en A Picota hace cuatro años, ha apostado por las elaboraciones a la brasa como base de su menú. Eso sí, combinándolas con platos donde cada vez adquieren más protagonismo los productos de su huerta ecológica (desde calabaza a guisante lágrima) o las setas, una de las señas de identidad del local. Croquetas de níscalos y boletos con alioli de trufa negra, revuelto de setas y algas o el risotto de langostinos, setas y mango son solo algunas de las propuestas que no acostumbran a fallar en una carta que adquiere especial importancia durante el otoño.

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