El restaurante compostelano Auga e Sal, nuevo estrella Michelin en Galicia

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Ruiz Gallardón, el propietario, evita salir en las fotos para «no quitarle protagonismo al equipo». En la imagen los trabajadores que han hecho realidad el sueño de conseguir una estrella Michelin
Ruiz Gallardón, el propietario, evita salir en las fotos para «no quitarle protagonismo al equipo». En la imagen los trabajadores que han hecho realidad el sueño de conseguir una estrella Michelin

La comunidad suma 15 locales con esta prestigiosa distinción. Alberto Ruiz-Gallardón, propietario del nuevo local premiado: «Estamos muy agradecidos, al fin y al cabo llevamos menos de un año con esta propuesta gastronómica»

31 ene 2022 . Actualizado a las 12:37 h.

El halo de misterio que rodea a la Guía Michelin llega incluso a los cocineros galardonados. Por eso, aunque sonaba en las quinielas como candidato a obtener su primera estrella Michelin, a escasas siete horas de recibir tan magna distinción, Alberto Ruiz-Gallardón, propietario del restaurante compostelano Auga e Sal y, efectivamente, hijo del exministro de Justicia, atendió a La Voz sin decir esta boca es mía. «La verdad es que no sabemos nada, pero si viene el premio estaremos agradecidísimos». Y vino. Eso sí, fue el único que acarició la comunidad gallega.

Es normal que este madrileño no quepa en sí de gozo. La primera razón es que al manual francés, que ha presentado su edición del año 2022 en Valencia, le cuesta abrir la mano a la hora de otorgar preseas en Galicia (salvo excepciones como la del pasado año); la segunda, que este local lleva alrededor de un año ofreciendo a sus clientes la propuesta que le ha hecho entrar en el Olimpo de los dioses de la gastronomía y, la poderosísima tercera: que este local fue una consecuencia directa de su historia de amor.

Situado en pleno corazón de Santiago, este empresario abrió las puertas de su local en el 2016 tras desligarse de la saga familiar y dejar sus tiempos mozos como jurista, un periodo que no le hace especial ilusión que se le recuerde («está muy obsoleto», dice). Esta decisión se vio supeditada, como tantas veces, a la necesidad y las ganas de mantener la familia unida. «Me casé hace diez años con una chica de Santiago e íbamos y veníamos de Madrid a Galicia y, cuando tuvimos a nuestro hijo decidimos asentarnos aquí y así yo, de paso, cumplí mi sueño de tener un restaurante».