Crímenes culinarios más allá de la perdiz sin desplumar de «Masterchef»

Es el caso más reciente y probablemente el más sangrante, pero atentados gastronómicos los ha habido siempre. Muchos de ellos perpetrados por los chefs más conocidos del mundo


Al programa blanco, edulcorado y para toda la familia que empezó siendo Masterchef hace ahora siete años, se le va agriando el carácter. Motivos no le faltan. Con el paso de las ediciones, un ramillete de concursantes que son rebeldes porque el mundo los ha hecho así, han ido cambiando la percepción que el público tiene del concurso y el papel de los jueces, que a veces se encargan más de corregir conductas que de valorar los platos que les presentan los pupilos. La máxima expresión de todo esto es una perdiz sin desplumar, el plato con el que Saray, la supuesta aspirante a chef, retó a Samantha, Jordi y Pepe y que la envió a casa por la puerta de atrás. Es cierto que el error es garrafal se mire por donde se mire, pero a estas alturas los amantes de los programas de cocina deberían estar ya acostumbrados a crímenes culinarios. Repasemos algunos de los mayores atentados gastronómicos realizados, muchos de ellos, todo sea dicho, por auténticos gurús de la cocina.

Hay una obsesión fuera de nuestras fronteras con atribuirle chorizo a cada plato typical spanish. El caso más sonado fue el de la paella de Jamie Oliver. El reputadísimo chef británico gusta de tomarse licencias con platos de gastronomías foráneas y causó no poco revuelo cuando hizo un pastel de carbonara que no solo consistía en pegotear la pasta (el mayor sacrilegio para un oriundo del país transalpino) si no en añadirle nata. Pero volviendo al chorizo, Nigella Lawson sacó sus propias conclusiones partiendo del axioma de que no hay nada más tradicional que el chorizo. Así que sería jugársela poquísimo asegurar que el pollo con chorizo, como dijo, era una receta de toda la vida para los españoles. Contabilicen las veces que han hechos este plato.

No ha sido esta la única vez que un plato de esta cocinera deja a más de uno con la boca abierta. Una controvertidísima ensalada César que constaba literalmete de una hoja de lechuga romana, un huevo frito y unas lascas de parmesano incendió las redes casi tanto como cuando Ferrán Adrià aseguró que un cachopo no era más que una croqueta o cuando decidió deconstruir la tortilla de patata. Y hablando de tortilla, este plato, claro, también suele ser objeto de catástrofes de enormes dimensiones. El chef indio Sanjeev Kapoor cautiva a millones de personas gracias a su programa de televisión Khana Khazana. Y genera alguna que otra confusión. Pocas veces se había ultrajado tanto a la tortilla. Desechando las yemas y al horno, por si esto resultara poco estrambótico, la mezcla consiste en hacer un sofrito con cebolla, chile, pimiento verde y patatas cocidas que mezlca con cinco claras y una yema. Ojo.

Una mezcla potente que asombraría al mismísimo Alberto Chicote, y eso que Pesadilla en la cocina le ha puesto el listón muy alto en platos fake y ocurrencias que nunca debieron salir de la cabeza de sus creadores. De este programa han salido lindezas culinarias tales como la ensalada Maradona (con queso de cabra por encima porque «el toque blanco era el fallo que tenía Maradona» o el trenzado de bacon, una suerte de macramé hipercalórico y ultraprocesado del que estaban más que orgullosos en la hamburguesería de Miami donde lo servían. El espíritu infantiloide recuerda al plato más comentado de Masterchef, el «león come gamba», aquella patata cruda bigotuda con ínfulas de icono pop que no llegó a cuajar. Más bien todo lo contrario.

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