¿Se puede freír un huevo con agua?, ¿están ricas las pizzas con base de verduras? Los trucos para llevar una alimentación más sana, a prueba

Los caminos de la vida healthy son inescrutables; sobre todo con algunas de las alternativas que nos proponen los gurús de la alimentación para mejorar la dieta. Otras ideas, en cambio, sí dan buenos resultados


Redacción / La Voz

Hay más tela que cortar en las redes sociales con esos trucos que nos ayudan a alimentarnos mejor, y lo más interesante, igual de rico, que en un atuendo de Billy Porter en la alfombra roja. A raíz de la fiebre por la vida sana han ido surgiendo al calor de Instagram infinidad de recetas que sustituyen alimentos calóricos o procesados por otros más saludables y que prometen, como resultado, una elaboración fetén. En Sabe Bien hemos querido indagar sobre si los resultados son tales en platos que llevan nuestro paladar a la panacea, como puede ser una pizza o una salsa boloñesa.

Otras recetas a priori más que óptimas para la dieta, léase una crema de verduras, podemos convertirlas en elaboraciones aún más adecuadas con alguna variante. Ahora la clave es ver si realmente se mantiene el sabor, y si la textura es similar a la de los platos convencionales.

Empecemos por la salsa boloñesa. La carne se ha convertido en el demonio del siglo XXI para muchos desde que la OMS alertase en el 2014 de que varios estudios epidemiológicos sugerían que pequeños aumentos en el riesgo de varios tipos de cáncer podían estar relacionados con un alto consumo de carne roja o procesada. También ha influido el incremento del número de veganos y vegetarianos en la sociedad occidental en la creación de platos que imitan elaboraciones cárnicas tradicionales pero que tienen como protagonista otros alimentos. Tras las ya muy manidas hamburguesas vegetales (por cierto, con las que es especialmente difícil conseguir una textura adecuada que aquellas que llevan carne o pescado), ha comenzado a extenderse la salsa boloñesa realizada con... ¡lentejas! Hemos querido preparar la receta y, en este caso, los resultados tenemos que decir que (siempre bajo una opinión subjetiva), han sido bastante gratos. 

El proceso para hacer esta salsa es básicamente el mismo que en una boloñesa tradicional; de hecho, se aprovecha la textura y el color de las lentejas para sustituir la carne y volcarla en la olla justo en el mismo momento en el que lo haríamos con la carne: cuando ya tenemos las verduras pochadas (en este caso, eso sí, el vino para que reduzca lo pondremos antes que la legumbre) y antes de añadir la salsa de tomate. Que nadie se lleve a error, porque el sabor de la carne es insustituible, pero es verdad que la textura de esta legumbre ligada con la salsa y la pasta dará bastante el pego para aquellos que busquen alternativas a la carne. No obstante, aunque de vez en cuando nos demos un capricho no tienen que saltar las alarmas. Eso sí, la proteína de las lentejas nos aportarán la dosis de energía que necesitamos en cada ingesta sin ningún perjuicio añadido.

Una de las elaboraciones que más controversia genera es la del huevo frito sin aceite. En sí misma, esta idea ya es una contradicción, pero es cierto que si seguimos bien los pasos podemos conseguir este delicioso manjar solo con agua. Lo único que tendremos que hacer es poner en una sartén una cantidad de líquido que no cubra más de un dedo, con el fuego a máxima potencia. En ese momento añadimos el huevo y lo vamos levantando poco a poco para que no se pegue (y bajamos un poco la temperatura), pues el agua se evaporará bastante rápido. Al dejar el fuego algo más bajo nos aseguraremos de que se haga bien y no quede crudo. El resultado nos matará el antojo, pero no tendremos esas puntillas que son la sal de la vida ni ese regusto aceitoso. No se puede conseguir todo en esta vida. 

;
La prueba definitiva

En este ensayo culinario no podía faltar la receta reina de las cuentas de cocina saludable: la pizza con base de coliflor, brécol, calabacín... Quizás haya que ser algo más ducho de lo que advierten los gurús de cocina para obtener un plato que más allá de que esté rico (que es discutible),se parezca al hit de la cocina italiana. Cuando se habla de pizza las expectativas están altísimas y, claro, luego pasa lo que pasa. Nosotros optamos por preparar una base de brócoli, que sería el sustituto de la harina, muy triturado. La conclusión es que aunque de sabor podemos darle el aprobado, no nos atrevemos a llamarle pizza. En primer lugar la masa queda demasiado esponjosa, tanto que casi es imposible evitar comerla con cuchillo y tenedor, lo que ya en sí nos parece un sacrilegio. En cuanto al sabor no le ponemos muchas pegas: el queso, el tomate, el orégano y demás ingredientes son los que, en parte, dan ese sabor tan característicos. Así que si mantenemos los productos clásicos, podemos tener en esta opción un sustituto que no azote nuestra conciencia.

Peor fue el trago al preparar la pizza de calabacín. Como es lógico, por la consistencia de esta base, necesitaba algo de harina. Pero hay un paso fundamental que impidió que nos quedara bien. Tras triturar el calabacín es muy importante poner la mezcla sobre un paño seco para que absorba todo el agua que suelta este producto... y nos olvidamos. Fue por ello que la consistencia de la masa (que llevaba además de la harina y el calabacín, dos huevos, sal y pimienta) quedó demasiado húmeda pese a pasar el tiempo requerido al horno.

Por si te animas a crear tu propia opinión te invitamos a que pruebes la receta de la nutricionista Viki Lorenzo, con base de zanahoria. 

De todos los platos que hemos preparado, el mayor fracaso gastronómico ha sido, sin duda, la quiche con queso fresco batido. Está pensado para aligerar la receta y sustituir la pesada nata; pero el resultado no nos ha convencido. Poco cremosa, más agria y tarda demasiado en cocinarse, tanto que no acaba de adquirir consistencia en el horno. Sin embargo, creemos que si mezclamos el queso batido con un chorrito de nata podemos compensar la situación y, aún así, no atiborrarnos a calorías grasas saturadas innecesarias.

Una propuesta similar, pero con la que hemos obtenido mejores resultados es la que invita a pasar de la patata o la nata en las cremas de verduras y utilizar frutas como la manzana o la pera para aportar cremosidad. Es cierto que es la fécula de la patata la que da ese toque de la cremosidad, y que estas frutas son bastante acuosas, pero combinadas con purés que lleven brócoli, por ejemplo, que ya es un producto bastante consistente, queda espectacular. Le da ese toque entre dulce y ácido que lo hará especial sin ser para nada consciente de que estás comiendo, como hicimos en nuestro caso, una pera.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

¿Se puede freír un huevo con agua?, ¿están ricas las pizzas con base de verduras? Los trucos para llevar una alimentación más sana, a prueba