La mitad de Europa es obesa por culpa de los ultraprocesados

La mayor batalla sanitaria de Occidente se agrava y se debe, en buena medida, a grasas saturadas y azúcares; el sobrepeso le cuesta a la Unión Europea 81.000 millones de euros: dos veces el PIB de Eslovenia


El mayor reto sanitario al que se enfrentan las administraciones públicas es frenar el avance de la obesidad en la sociedad adulta pero, sobre todo, en la población infantil. En un contexto en el que, según acaba de revelar la United European Gastroenterology (UEG), la mitad de los europeos sufre esta enfermedad, que los niños cambien sus hábitos alimentarios puede ser garantía para paliar esta epidemia que azota a todo el continente. Eso sí, con mayor incidencia en los países mediterráneos, entre ellos España, donde uno de cada tres niños sufre sobrepeso u obesidad.

Esta organización, que reúne a las principales asociaciones en materia de salud digestiva, no ha dudado en señalar como principales culpables del avance del sobrepeso entre todos los estratos poblacionales al creciente consumo de ultraprocesados. Esto deriva inequívocamente en el riesgo de padecer enfermedades graves que, no es baladí, suponen un agujero importante en las arcas de los sistemas públicos de salud. Por si fuera poco, el responsable de asuntos públicos Markus Peck, como recoge la agencia Efe, ha advertido que «en el futuro próximo este problema sólo van a crecer»

El documento advierte de que hay estudios que prueban que la obesidad puede aumentar en un 50 % el riesgo de padecer cáncer colorectal, especialmente en hombres. Además, casi tres cuartas partes de todos los obesos sufren de hígado graso, algo que puede acabar provocando esteatohepatitis no alcohólica, una inflamación que puede degenerar en problemas mucho más graves. En el informe se destaca que la incidencia de la obesidad infantil es mayor en los países del sur de Europa en los que la dieta mediterránea, rica en vegetales y con un consumo limitado de carnes rojas o azúcar, ha sido sustituida por productos procesados.

Más allá de las gravísimas consecuencias sanitarias, e indiscutiblemente sociales, que derivan de una sociedad obesa, no es menos importante contemplar el coste económico de este duro mazazo que afecta a uno de cada dos europeos, sobre todo porque sufrir esta enfermedad implica una ramificación de dolencias que van erosionando la salud del paciente. Y los sistemas de salud públicos. Según este informe el coste serían unos 81.000 millones los euros que se gasta la Unión Europea en este campo. Casi dos veces el PIB de Eslovenia. Centrando el foco en España, donde uno de cada tres niños son ya obesos, los datos del estudio Estrategia para la nutrición, actividad física y prevención de la obesidad, de Adecosan, de octubre del 2017, señalaba que los costes directos e indirectos asociados a la obesidad representan el 7 % del gasto sanitario total, esto es, 2.500 millones de euros al año.

Así puedes desengancharte de los ultraprocesados

marta otero

No solo engordan, también aumentan la mortalidad hasta un 14 %. Bollería industrial, galletas, embutidos, salchichas, pan de molde, pizzas precocinadas... Son alimentos con aditivos cuyos sus efectos negativos se notan a largo plazo; casi todo lo que tenemos en casa es ultraprocesado

¿Por qué son tan malos los ultraprocesados?.  Si al llegar a casa revisas lo que tienes en la cocina verás que hay un alto contenido de ultraprocesados. Lo que llevamos en la cesta del supermercado, además de engordar, amenaza nuestra salud. Cereales, galletas, bollería, pan de molde, bebidas azucaradas, caldos, sopas, salchichas, embutidos, helados, pizzas precocinadas.... Un estudio elaborado en Francia con 44.551 participantes asegura que aumentar un 10 % este tipo de alimentos en la dieta puede elevar la mortalidad hasta un 14 %. Se analizó lo que comían los participantes, todos mayores de 45 años (un 73 % de ellos mujeres), durante varios días no consecutivos. Los productos elaborados con procesos industriales representaron el 14,4 % de su consumo (en términos de peso de los alimentos) y el 29 % de su consumo total de energía. Después de siete años, 602 personas del grupo habían muerto, 219 de ellas por cáncer. La conclusión a la que llegaron es que el consumo habitual de este tipo de alimentos eleva la mortalidad. Una de las autoras, la doctora Mathilde Touvier, asegura que todavía hay que realizar análisis a más productos.

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