Examen a «la mejor tarta de chocolate del mundo»

La madrileña calle Alcalá tiene entre sus vecinos un local que dice disponer de la tarta de cacao más rica jamás creada. Hay una versión para golosos y otra para los que disfrutan del toque amargo del chocolate. ¿Están a la altura?


¿Es una osadía?, ¿se trata de una estrategia de márketing que acaba en agua de borrajas? Es normal que ronden estas preguntas antes de entrar en un establecimiento cuyo nombre no deja lugar a la imaginación. La Mejor Tarta de Chocolate del Mundo solo puede decepcionar a todos aquellos que, claro, tenían las expectativas por las nubes o cumplir; y por tanto satisfacer gratamente al cliente que, por lo general, habrá hecho unos 20 minutos o media hora de cola en el único local de España en el que se puede degustar este ¿manjar? 

Las cinco de la tarde un sábado lluvioso. Es extraño disfrutar de un trozo de tarta mientras ves que otros como tú hacen cola a la intemperie en la calle Alcalá. Pero claro, es lo que tiene la Mejor Tarta de Chocolate del Mundo, ¿no? Cierto es que la espera merece la pena, aunque sea por sentirse crítico por un día y poder posicionarse en un bando. El de los que repiten y avalan el éxito de este dulce, o el de los que no entienden su fama. Aunque sea cierto que el nombre guarda un poso de verdad. Pues cuando Carlos Braz Lopes inventó esta tarta en el pequeño restaurante de su Lisboa natal, conocida en el país luso como bolo, eran muchos los que se acercaban al establecimiento solo por este postre, y preguntaban curiosos la receta de su tarta de chocolate. Así fue como nació O Melhor Bolo de Chocolate do Mundo. Y comenzó su triunfo arrollador. En la actualidad dispensan 3.000 tartas al mes entre los locales que tiene repartidos por Portugal, a los que hay que sumar franquicias repartidas por Brasil, Australia, Suiza, Bélgica, Alemania, Francia, Inglaterra, Japón y, por supuesto, España.

Con encanto

Pese a su expansión, al menos en lo que respecta al local que se sitúa frente al parque del Retiro, desprende un aura de autenticidad que no defrauda. Y eso que los ojos de los que esperan su porción de tarta no lo ponen fácil. Es rústico a la par que actualizado. Plagado de detalles sin perder informalidad. Y con ese toque hygge que tanto gusta ahora a los hipsters (aunque no sea más que el confort de toda la vida). Perfecto para una tarde en la que el chocolate es el protagonista.

Metidos en harina, o no, porque la tarta carece de este ingrediente, hay que reconocer que la pinta da la talla. Ahora, para ponerle un diez a la estética haría falta más. Tanto a la versión para golosos, que lleva un 53 % de cacao, como la que eligen los que no suelen dejar hueco para el postre: con 70 % y un toque amargo increíble. La receta, un misterio que guardan bajo llave los pasteleros de esta famosa tarta, está hecha con el chocolate de la confitería francesa Valrhona, mantequilla, margarina, azúcar, cacao en polvo y huevo. Nada más. Y su éxito radica en que la comunión entre su ligereza y cremosidad es perfecta. Con finísimas capas de suspiro y mousse encuentra el toque recomendado de crujiente sin resultar excesivo. Es cierto que todos los platos quedan limpios. Por si fuera poco, sin rascarse demasiado el bolsillo, pues para los precios de Madrid, el coste no es elevado: puedes llevarte a casa la tarta grande por 34 euros y está recomendada para 14 personas. La pequeña cuesta 23 y llega para 8 comensales. Si es la mejor del mundo está por ver. Pero, al menos, cierto es que su sabor no recuerda al de ninguna otra tarta homónima.

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