Urgen un etiquetado de alimentos más claro para elegir mejor qué comemos

Nutricionistas y endocrinos piden unificar el modelo en todos los países de la UE


redacción /la voz

¿Sabemos lo que comemos? Cuando en las casas se hacía caldo o un bistec con patatas era más fácil responder. Bastaba con comprobar los aportes nutricionales de las patatas, los grelos, la sal, la grasa del unto, las habas, la carne de ternera, el aceite de oliva... Ahora que en los hogares entran cada vez más productos precocinados, y hasta el caldo es de cartón, la respuesta sería: depende. Es muy gallega, pero responde a una realidad que describe la diferencia entre aquellas personas capaces de entender lo que indican los etiquetados de los alimentos, de aquellas con dificultades para hacerlo. Ya que el problema de salud pública que supone el incremento del sobrepeso y la obesidad ha empujado a hacer una revisión de la dieta, la UE continúa con el debate sobre la obligatoriedad de un nuevo etiquetado frontal de los alimentos que acompañe al que ya han de incluir por ley.

La idea es aclarar qué nutrientes componen cada producto, sobre todo en el caso de los alimentos procesados. Porque, como dice la tecnóloga de alimentos, Sabela Oca, no es lo mismo el azúcar natural que contienen las frutas que el producto añadido de una galleta. Distintos países o cadenas alimentarias usan ya de forma voluntaria modelos de este tipo. Justo hoy cinco multinacionales -Nestlé, Mondelez, Coca-Cola, Pepsico y Unilever- darán a conocer en España detalles de su nuevo Etiquetado Nutricional Evolucionado. Las fórmulas son variadas, pero algunas como dice Sabela Oca, no aclaran la calidad de los nutrientes que aporta cada alimento. «Ningún modelo é marabilloso cando non se ten toda a información ou non se sabe ler», explica.

De ahí que nutricionistas y endocrinos coinciden en que el etiquetado ha de ser más claro y uniforme en toda la UE, pero además creen fundamental educar a la población en cuestiones relacionadas con la nutrición porque somos lo que comemos. El problema es que ponerse de acuerdo en una normativa homogénea para toda Europa no va a ser fácil. Porque más allá de lo que digan las autoridades sanitarias, el poder de la industria y la distribución es mayúsculo.

El pulso está echado y habrá que acabar equilibrando la balanza entre ambas partes. Porque, como explica el responsable de la Sección de Endocrinoloxía del Hospital arquitecto Marcide de Ferrol, Diego Bellido, «la normativa europea está muy retrasada en materia de etiquetado con respecto a la estadounidense que es muy clara». A su juicio, «resulta urgente que el etiquetado se presente de modo sencillo, con letra más grande y que quede muy claro el contenido en azúcares, grasas, de dónde proceden estas últimas o cuáles son trans (las que son producidas por hidrogenación al convertir aceite líquido en grasa sólida), que ya están prohibidas en países como Dinamarca...». En España el consumo recomendado está en menos de dos gramos al día.

La fórmula ideal

La pregunta es saber cuál sería la fórmula ideal. Porque actualmente la disparidad está servida en Europa. Desde el semáforo usado en el Reino Unido al Nutri-Score que usan en Francia, pero que demanda también Bélgica, o modelos más sencillos usados únicamente para productos que son saludables para el corazón como Finlandia. «Que modelo é mellor, pois non o sei, pero tería que ser doado de entender porque ás veces os termos que se usan no etiquetado resultan tan técnicos que é moito pedir á xente que os entenda», apunta el profesor del Grao de Nutrición humana y Dietética y miembro del laboratorio de Higiene, Inspección e Control dos Alimentos da USC, José Manuel Miranda.

Pero además hace otra propuesta: «Non cabe dúbida de que todo o que se faga para clarificar as etiquetaxes está ben, pero é importante non confundir ao consumidor cambiando o modelo cada pouco tempo. E igual, ademais de falar de etiquetado, teriamos que mentalizar á poboación para que consuma máis produtos naturais que non estean procesados».

Nutrición, ¿una materia más en las aulas?

Comer bien es algo que debería preocupar a la población. Pero en una sociedad en la que todo va cada vez más deprisa, para hacerlo, habría que empezar por enseñar cómo hacerlo. De ahí que la labor educativa en este terreno es fundamental. Y qué mejor que, como dicen los expertos, hacerlo en la escuela. Sabela Oca explica que «deberiamos pensar máis a fondo en educar en nutrición para que cadaquén poida elixir o que consome. Ao non haber un criterio uniforme con este novo etiquetado, cadaquén fai un deseño arrimando cara ao que lle convén. Pero non hai que esquecer o ben do consumidor».

Pero más allá de hablar de etiquetado, Miranda recuerda el caso de Japón. «Alí teñen unha materia troncal na que abordan estes temas e, de feito, é un dos países con menor taxa de obesidade do mundo». La cuestión que plantea es que, de implantarse aquí, habría un debate sobre quién debería impartirla porque «podería haber un choque de competencias sobre quen tería que facelo, ou os profesores que saben cómo dar clase ou os nutricionistas, que saben diso. É algo confuso».

Otra cuestión que hay que plantearse es, en general, ¿comemos bien en Galicia? El profesor de la USC cree que «non comemos ben porque somos unha das comunidades con máis sobrepeso, pero comparado con como comiamos hai dez anos, melloramos. O caso é que aínda non se reflicte nun descenso das taxas de sobrepeso e obesidade».

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