Detrás de los platos más sorprendentes de la gastronomía mundial hay una mente que no cocina con fuego, sino con ingenio. José Miguel Piñero es el responsable de transformar las ideas de los cocineros más brillantes en realidades tridimensionales...
02 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.José Piñero (Alcoy, 1971) no se presenta como ceramista, escultor ni interiorista.
Cuando le preguntan a qué se dedica, responde que es un «fabricante de ideas». En su taller de Alcoy conviven escultores, carpinteros, herreros y expertos en moldes. De ahí salen las vajillas que Ferran Adrià, Dabiz Muñoz, Quique Dacosta, Dani García, los hermanos Roca o Paco Roncero ponen sobre sus mesas.
Todo empezó por casualidad. Piñero pintaba murales en bares. Un día, en la carretera, encontró un cartel que decía: «Se venden caracoles». Le gustó el cartel y primero hizo una pegatina y luego una escultura. Un amigo que trabajaba el paramento de mesa para chefs con estrella le propuso regalar aquellos caracoles personalizados a algunos de sus clientes. Piñero le acompañó en las entregas, solo por curiosidad, sin pensar en negocio alguno.
En Tickets, en Barcelona, le entregó uno a Albert Adrià. El chef lo miró, preguntó quién lo había hecho, y cuando Piñero le mostró sus trabajos en la tablet, le dijo: «Tú eres la persona que yo llevo mucho tiempo buscando». Y de ahí, surgió Heart Ibiza, con Ferran Adrià y el Circo del Sol.
Después, una lista que él resume como «pocas cartas me faltan de la baraja». Ferran Adrià dijo de él: «Vi algo diferente a lo que había sido el mundo de las vajillas en los últimos diez años».
Él asegura, durante su estancia en Galicia que nunca le ha dicho que no a ningún chef, porque trabajar con ellos lo ha percibido siempre como un regalo, pero reconoce que quien se lo ha puesto más difícil a la hora de crear ha sido Dabiz Muñoz: «Es ultraexigente. Todos lo son, pero él especialmente. Pero a mí que me pongan retos es un plus».
Por el momento se siente cómodo trabajando como está, «haciendo esas locuras que llevan un proceso muy extenso», y entre esas locuras está el Nou Món del Celler de Can Roca, una esfera de latón con engranajes que funciona como un criptógrafo medieval. También las piezas de coctelería como un corazón con arterias o colas de Pantera Rosa para Dabiz Muñoz, además de las manos que sostienen una copa para Simone Caporale. Si tuviera que imaginar sus piezas en una cena de gala en el Palacio Real pensaría en algo provocador.
«Cuando la gente nos llama es porque quieren provocar. Sería impresionante, me lo pongo como reto», apunta el creador, quien tras su verano en Galicia señala que de esta tierra destaca la amabilidad y la generosidad de la gente y concluye: «Y su gastronomía es espectacular».