Juan Luis Méndez, CEO de ViniGalicia, explica que entre septiembre y octubre se lo juegan todo. Aclara cuál es el método de trabajo de esta empresa familiar de Chantada que va por la tercera generación, y nos habla de las propiedades del mencía Vía Romana

L. G. V.

El mundo del vino tiene mucho que ver con lo onírico porque, para muchos, se trata tan solo de un canal de disfrute y fantasía a través del que dejar llevar los sentidos. En tiempos pasados, pero no tanto, los más ortodoxos consideraban condición indispensable conocer todas las propiedades organolépticas. Ahora, hasta en casas que llevan décadas sirviendo a las familias gallegas los mejores vinos, la premisa es otra. «Hay que romper los clichés, incluso en eso de que unos platos deben acompañarse de vino tinto y otros de blancos». Por eso, Juan Luis Méndez, CEO de la compañía bodeguera Vinigalicia, asentada en Chantada, habla con pasión y sin restricciones del mencía Via Romana, probablemente su ojito derecho y en el que, como es normal en estas fechas, está tanto él como su equipo, totalmente volcado.

Porque pese al tiempo que lleva la empresa en funcionamiento, en ViniGalicia no pierden un ápice de rigor ni de ilusión. De hecho, aunque la compañía nació en 1940 (se dice pronto) todavía guardan sueños en la chistera. Entre ellos, «conseguir estar en las cinco D.O. gallegas». Como apunta Méndez, a este rincón de la Ribeira Sacra «hasta hace unos años nadie se planteaba venir, pero decidimos restaurar Vía Romana y apostar por un enclave que intuíamos acabaría siendo muy visitado». Esta visión de negocio de la familia de Méndez es de las pocas que imperan en el día a día en Vinigalicia.

Van con todo a por la calidad. «Llevamos mucho tiempo en esto, para nosotros no es una cuestión de modas o de que a más gente ahora le interesen determinadas D.O. Lo que queremos es hacerlo lo mejor posible, escoger las mejores uvas y estar bien rodeados, de un equipo de chicos y chicas jóvenes con un punto de vista innovador».

Trabajo de campo

En plena época de trabajo de campo, («en septiembre y octubre nos lo jugamos todo», afirma este empresario) «la labor radica en cosas tan sencillas como complejas: controlar la uva, saber desechar racimos cuando es necesario en pro de la calidad y tener paciencia». Fundamental en este terreno, en el 2021, comenta Méndez, la climatología les ha hecho un flaco favor; no tanto, eso sí, como el golpe de la pandemia. «Hay que distinguir el Ribeira Sacra Vía Romana, que sufrió mucho, sobre todo para el canal Horeca, así que aunque subiese el consumo de vino en el hogar, no compensó». Por otro lado está Vinigalicia, añade. «Es una bodega importante desde hace tiempo, así que aguantó mejor el tsunami. Al final estamos en 18 países y eso suma».

Vegalsa-Eroski es de esos distribuidores que apuesta por las bodegas gallegas y está especialmente centrado en las D.O. «La apuesta de la compañía por el producto local y de calidad genera riqueza y contribuye al desarrollo agroalimentario, económico y social del entorno cercano a sus establecimientos. De ahí que la apuesta por la producción de proximidad sea uno de los valores fundamentales de la compañía», dicen fuentes de Vegalsa-Eroski. 

«La firme apuesta que mantenemos por los proveedores locales y productos de cercanía, no solo es una propuesta que valoran nuestros clientes, sino también un compromiso con el desarrollo local y una fortaleza en la garantía de suministro en nuestros puntos de venta. Nuestras relaciones comerciales se desarrollan en base a criterios éticos y respetando nuestros valores corporativos, promoviendo un entorno cercano y de confianza e impulsando la sostenibilidad a lo largo de toda la cadena de suministro», añaden.

Más recuperados y todos con ganas de disfrutar, Méndez mantiene que es un gran momento para lanzarse a un vino «que no tiene prisas». «Aquí lo hacemos todo muy slow, los procesos son muy largos, pasa un mínimo de 14 meses hasta que llega al mercado, pero merece la pena». De color rojo picota, ofrece aromas varietales muy intensos a fresas y grosellas negras, con notas forales y lácteas. Con trazas dulces de regaliz confitada y especias muy finas, en boca es amable, respetuoso y sutil.

Este experto prefiere no cerrarse en banda a la hora de atar un vino a un tipo de receta. Sin embargo, si tiene que dar una recomendación u orientación indica que es un trago perfecto para acompañar unas zamburiñas, unas navajas o cualquier tipo de marisco, pese a tratarse de un vino tinto. Respecto a las carnes, mantiene que él lo tomaría con alguna suave. 

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Así trabajan en plena vendimia «el vino que no entiende de prisas»